martes, 18 de marzo de 2014

EVA, DE FOTOGRAFA A INSEPARABLE DEL FÜRHER

La chica se había educado en un colegio religioso. Tenía dos hermanas, un padre maestro y una madre modista.

Eva Anna Paula Braun (niña)
Los padres se divorciaron y la modista se volvió a casar. Pero en la casa no había dinero así que la chica tuvo que conseguir trabajo.


Ya había cumplido los diecisiete años, era 1929 y el país estaba en medio de la crisis. El trabajo lo obtuvo en la casa de fotografía de Heinrich Hoffmann, el destino la llevo de la mano justo con el fotógrafo oficial del Partido Nacional Socialista.

Un viernes por la tarde, estando en su trabajo, subida a unas escaleras, buscando en unos archivos, vio llegar a Hoffmann acompañado de un hombre con abrigo claro, un bigote gracioso y un sombrero en la mano. La chica tuvo una sensación que ese hombre le miraba las piernas. Al bajar las escaleras Hoffmann la presentó: “Her Wolf, nuestra pequeña y buena Fräulen Eva”.

Eva Braun
Un rato después la señorita Eva Braun se encontraba sentada con los dos hombres comiendo salchichas y bebiendo cerveza.

El señor “Wolf” no le quitaba los ojos de encima y de hacerles cumplidos. Ella miro el reloj y decidió irse. El le ofreció llevarla a su casa en su flamante Mercedes Benz. Pero ella dijo que no. A  punto de salir del negocio Hoffmann la llamo y le dijo “¿no te diste cuenta de quien es él?”. La señorita Eva se quedo callada y no dijo nada. Hoffmann agregó “!Es Hitler!, ¡Adolf Hitler!. Ella se acomodo el cabello y respondí: “¡Ah, si por supuesto!”. Eva nunca se le ocurrió que ese ser podía ser alguien importante. Pero lo era. Y llegaría a ser, en cuatro años, el hombre más poderoso de Alemania.

Hitler y su sobrina Geli
A los pocos días, Eva recibió flores y bombones. Se los enviaba Hitler. Ella no sabia que él mantenía una relación muy particular con su sobrina Angelika Raudal (Geli, como la llamaban empleando un diminutivo), diecinueve años menor que él, quien era hija de Angela Hitler, su hemanastra.

Angela se habia trasladado desde Austria para administrar Berghof, la villa que Hitler habia comprado en las cercanías de Berchtesgaden. Geli tenía diecisiete años y Hitler no demoró en interesarse en ella. Un par de años después, la llevó con él a vivir al piso de nueve habitaciones que compró en Munich. Geli no tenía buena vida. Su Tío le cortaba toda forma de libertad. A todas partes debía ir acompañada y no podía hacer sino lo que él le permitiera. Hitler estaba obsesionado con ella ya que su actitud no era la de un tio paternalista que cuida de su sobrina sino la de un hombre por su amante. Cuando Geli inicio un romance con Emil Maurice, chofer y escolta de los primeros integrantes de las SS, Hitler no se opuso, solo se limitó a separar a Maurice de su círculo y trasladarlo a otra parte. 

Geli y Hitler
Geli quiso completar sus estudios de música y viajar a Austria, seria una forma de alejarse de su Tío, Hitler le negó el permiso. Esto fue el límite para Geli en cuanto a su depresión. 


La noche del 18 de Agosto de 1931, a los veintitrés años, cuando Hitler se encontraba en Hamburgo, se pegó un tiro en el pecho.  Según cuenta tiempo después la cineasta Leni Riefenstahl, que el fürher le contó que fue porque Geli consiguió una carta apasionada de Eva.

Hitler quedó desvastado. Quiso suicidarse. Rudolf Hess le quitó la pistola de la mano. Todas las nochebuenas, hasta comienzos de la guerra, la pasó encerrado en el cuarto de Geli. Las fotos enmarcadas de ella permanecían hasta el fin de la guerra en el Berghof y la Cancillería.  En los días de su cumpleaños al igual que en el de su muerte, le ponía flores debajo de un gran cuadro de Geli.

Geli y Eva

Cuando se produjo el suicidio de Geli, hacia dos años que Eva Braun, ya era amante de Hitler.

Eva no se parecía en nada a Geli. Tenía un cuerpo más atlético y contundente, mas bien regordete. Era rubia y Geli, castaño oscura. Tuvo que adaptarse a los gustos de su amante oscureciendo el color del cabello, cambiando su forma de vestir y perder una parte de su histrionismo. De todas maneras, su relación con Hitler era oculta.

Geli fue para Hitler una relación obsesiva. En cambio Eva parecía interesante por su juventud, sus bromas y su alegría permanente. En esos años, Hitler dijo que se hubiera casado con Geli pero que jamás lo haría con Eva.

Hitler y Eva
Por razones distintas, tanto Geli como Eva, pasaron por hondas depresiones y procedieron de forma parecida. En Agosto de 1932, Eva se pegó un tiro que le seccionó una arteria del cuello. Eva tenía por Hitler sentimientos muy distintos a los de Geli. Mientras que Geli quería librarse de él, Eva pretendía una mayor atención. Su intento de suicidio fue un llamado para que es le tuviera en cuenta.

Hitler le alquiló un departamento de tres habitaciones que Eva compartió con su hermana Gretl.

El alquiler era pagado a través de Hoffmann, Eva y su hermana aún seguían trabajando para él. Habían aprendido a sacar fotografías. Nadie sospechaba que ella era la amante de Hitler.

Eva y su hermana Gretl
 La relación comenzó a ser más cercana en 1935, cuando Hitler ya tenía el control del gobierno alemán. Eva se quiso suicidar por segunda vez, usó pastilla de somnífero Vanoform. Le lavaron el estomago y Hitler la ubicó en una villa en Berchtesgaden. Gretl, su hermana, fue con ella. Pero el ascenso de Eva molestó a Angela (la hermanastra de Hitler y madre de Geli) quien la llamaba “La vaca estúpida”. La burla y el enojo produjo un mal efecto en Angela. Fue despedida como ama de llaves de Berghof.

Angela Hitler la madre de Geli y hermanastra del Fürher
El despido de Angela resultó un buen mensaje para quienes tenían que tratar con Eva. Comprendiendo que ella era intocable.

En 1939, comienza la Segunda Guerra  Mundial, Eva se muda para la Cancillería. Su cuarto comunicaba con la biblioteca de Hitler.  Pero solo Eva podía entrar a la suite principal por la puerta de servicio.

Nadie en la Cancillería llegó a enterarse de que Hitler y Eva eran amantes. Creían que era una empleada más. Pero con su constancia, Eva fue haciendo que las cosas cambiaran, hasta que eso ocurrió. Cuando la relación trascendió, entre sus allegados, Eva jamás consiguió cambiar la opinión de las esposas de Ribbentrop, Goering y Goebbels. 

Eva con sus terriers y Hitler con "Blondie"
Las tres señoras la ignoraban por completo, la trataban con desprecio y la consideraban una “idiota inculta”. Pero ya Eva era la “Señora del Berghof”, ese sitio en los Alpes, cerca de Berchtesgaden.

En él, Eva era la indiscutible dueña y señora.

A medida que la guerra avanzaba y Hitler superaba varios atentados contra su vida, la figura de Eva Braun crecía, se mostraban juntos, se fotografiaban y solían vérselos tomados de la mano. Si él no estaba con uno de sus constantes “retorcijones intestinales” y se encontraba de buen humor, la llamaba “cosita”. El se burlaba de los dos terriers escoceses negros de Eva, diciendo que esos no eran perros, que un verdadero perro debía ser como su inseparable ovejera alemana “Blondie”.

Hitler era abstemio, vegetariano y no fumaba. A ella le encantaba el champagne, la carne y el cigarrillo. Eva era displicente con su salud y la higiene de los cuartos. 

Él, un hipocondríaco temeroso del cáncer y maniático de mantener en condiciones de inmejorable higiene todos los lugares en los que estaba. Parecían una pareja formada por una personalidad poderosa y otra muy débil y sumisa. Un hombre seductor, amable, inteligente, culto, de carácter fuerte. Y una mujer poco educada, bastante inocente, graciosa, que lo sigue con amor y admiración. Pero Eva no era una muchacha ingenua e inocente. Nadie que estuviera de acuerdo con Hitler era ingenuo o inocente; mucho menos su amante y compañera.

Leni, Pola, Lil y Oga. Las amantes de Hitler
Al mismo tiempo que ella era su amante, Hitler había tenido otras, tales como la directora de cine y propagandista del nazismo, Leni Riefenstahl; las actrices Pola Negri, Lil Dagover y Olga Chejova, protagonista de una película de Hitchcock, y la inglesa Unity Mitford, hija de Lord Redsdale. Ninguna de estas mujeres pasó demasiado tiempo junto a Hitler.

Eva, “la superficial que pasa el tiempo pintándose las uñas”, como la definió una de las secretarias de hitler, estuvo algo más de quince años al lado del hombre más codiciado de Alemania, y hasta logro de él lo que ninguna mujer consiguió: un anillo de casamiento.

Traudl Junge, una de las secretarias privadas de Hitler
El 28 de Abril de 1945, Traudl Junge, una de las secretaria privada, mecanografió lo que él le dictaba; su testamento. La guerra estaba perdida. Los rusos invadían Berlín y bombardeaban en forma constante el edificio de la Cancillería.


En un bunker, a quince metros bajo tierra, desde tres días atrás, estaban Hitler, Eva y los más fieles seguidores. Hitler había dicho que se fueran todos los que quisieran hacerlo. El personal abandonó el bunker, excepto las secretarias Gerda Christie y Traudl Junge, tampoco se fue la nueva cocinera. Eva se había negado a escapar a Suiza. Podría haberlo hecho con facilidad varios días atrás. En cambio prefirió viaja desde Münich, cruzar la línea de fuego y meterse en el  búnker con Hitler.

En el testamento que había tecleado su secretaria Traudl, decía “Ya que sentí que no podía aceptar la responsabilidad del matrimonio durante los años de lucha, he decidido, ahora, antes del fin de mi carrera en este mundo, tomar como esposa a la mujer que, después de muchos años de leal amistad, vino por su propia voluntad a esta ciudad sitiada casi por completo, para compartir mi destino”.


Cuando traudl acabó la redacción del documento, fue llamada al cuarto de Eva. Ella la estaba esperando con un tapado de piel de zorro en la mano. Era su preferido. Se lo regaló y con un hilo de voz le dijo: “Tengo miedo”. De inmediato recupero la sonrisa. 


Tomó champagne, se puso un largo vestido de seda negro y con el cabello bien peinado, el maquillaje cuidado como siempre, fue a la ceremonia de su casamiento.

Ocho eran los invitados. Hitler usaba un traje militar. Bormann y Goebbels servían de testigos. Wagner, un funcionario menor, presidía la ceremonia. Cuando Eva firmo el acta matrimonial, escribió Eva B., enseguida tacho la “B” y dejó escrito: “Eva Hitler, antes  Braun”. El anillo de bodas le  quedó demasiado holgado. Pero se ingenió para sostenerlo en su dedo anular.

A la mañana siguiente, al levantarse un ordenanza, dudando, la saludó: “Buen dia, Fräulin” (señorita). Eva sonrió y le dijo: “Preferible que me diga Frau Hitler” (Señora Hitler)

Era el día 29 de Abril y pasó muy lentamente. Hitler, en el atardecer recibió la noticia de la ejecución de Mussolini y su amante, de que sus cadáveres habían sido colgados cabeza abajo como los cerdos.

Entonces aseguró que, al morir, su cuerpo debía ser incinerado para que nadie lo encontrara jamás. Esa madrugada, había firmado su testamento político oficial, como testigos habían dejado su firma Bormann, Goebbels y Krebs. 

Expresaba en ella su satisfacción por haber cumplido con el exterminio de los judíos y aceptaba que él, aunque había habido gran cantidad de cómplices, era el absoluto responsable de la solución final. Estaba orgulloso de si mismo y de su acción de gobierno.

El 30 de Abril, Eva se puso el vestido negro favorito de Hitler. Se acercó a Traudl y, con un sollozo, pasándole el brazo por los hombros le dijo: “Por favor, no te quedes aquí. Trata de salir” y agregó: “Saluda a Münich de mi parte”. Traudl no comprendía lo que a continuación estaba por suceder. Eva le dio la mano a todos los presentes. Vio como su marido, el Presidente y Canciller de Alemania, el Führer del Tercer Reich desde 1933 a 1945, Adolf Hitler, se paraba delante de la puerta de su despacho privado, aguardándola. Fue con él. Se quedaron solos. Era media tarde. Hitler se sentó en el sofá. Eva a su izquierda. Frente a ellos: una mesa baja sobre la que había una botella de champagne y unas copas. También una pistola, una jarra con agua y dos pastillas de cianuro.

Lo que quedaba del bunker tras la muerte de Hitler
Los cadáveres de Hitler y Eva fueron llevados fuera del búnker y metidos en un hondo pozo. Se los roció con doscientos litros de gasolina. Goebbels entregó los fósforos para que Otto Günsche, edecán de Hitler, quemara los cadáveres. Se formó un hoguera. Günscher había cumplido la última orden que le dio el Fürher.

Hitler se pegó un tiro en la sien derecha. Su cuerpo cayó hacia delante, sobre la mesita. Eva murió por el efecto del cianuro. Su cabeza quedó apoyada en el brazo del sofá. Su vestido estaba mojado. La jarra de agua le cayo encima, volcada cuando el cuerpo de Hitler se desplomó.

La perra Blondie fue envenenada con cianuro el día anterior por decisión de su amo. Hitler y Eva, que tuvieron medio mundo a sus pies, terminaron en hoyos, convertidos en un montón de cenizas y huesos calcinados.

Magda, Hitler, Goebbels y tres de
sus seis hijos
Se especuló con la falsedad de sus muertes. Parece desconocerse un hecho: la presencia de Goebbels en la incineración de los cadáveres y la acción que el matrimonio Goebbels llevó a cabo al día siguiente. El primero de Mayo, Magda, la mujer de Goebbels, de acuerdo con su marido, asesinó con veneno a sus seis hijos, pues no concebían un mundo para ellos sin Hitler. Después se sentaron en dos sillas, en un pequeño cuarto. Un oficial, por orden del mismo Goebbels, les pegó un tiro en la cabeza a cada uno de ellos.

Eva Braun conoció a Adolf Hitler cuando él era un político que pretendía el poder. Lo acompañó en su ascenso, su apogeo y en su caída. Como fuera, se entregó en cuerpo y alma. Pero no fue amada. Si lo hubiera sido, el hombre al que ella quiso con devoción no hubiera permitido su muerte. A ese hombre le hubiese bastado ordenar que la  adormecieran y ubicaran en un avión. Hubiera resultado hasta sencillo. El mismo hombre tenía otra incondicional seguidora: la perra “Blondie”. Pudo regalarla. Prefirió matarla.

Eva Braun de Hitler
Todo lo que Eva hizo fue estar siempre a disposición del hombre del que se enamoró. Dio todo lo que podía dar. 

Al negarse a buscar refugio en Suiza y viajar de Munich a un búnker rodeado de enemigos para ir a morir junto a su amante, produjo un acto de valor, lealtad y amor.

Eva Anna Paula Braun de Hitler, comenzó recibiendo flores y bombones. Obtuvo joyas, dinero, ropa, poder. A los treinta y tres años, terminó recibiendo una pastilla de cianuro y un anillo que le quedaba grande.


Grísseld Lecuna García/Bavaresco

www.juancarlosboverihistorias.com
www.es.wikipedia.org/wiki/Eva_Braun
www.es.wikipedia.org/wiki/Otto_G%C3%BCnsche
www.noticias.terra.cl/ximena-torres-cautivo/blog/2013/09/02/leni-riefenstahl-hitler-y-goebbels-en-unas-memorias-imprescindibles/



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