viernes, 5 de septiembre de 2014

LA HISTORIA DE PABLO (Mi segundo cuento)

Hoy les hago entrega de mi segundo cuento, advierto que no se cuanto hay de verdad y cuanto de ficción; pues trata de una historia contada por Pablo, un pescador, de pequeña estatura, piel morena, cabello canoso, de unos 85 años de edad, cuya vida a transcurrido en Patanemo, pequeño pueblo pesquero perteneciente a la ciudad de  Puerto Cabello; que tiene una hermosa bahía rodeada de montañas y mucha vegetación; quien me contó esta historia (verídica para él), que le ocurrió a un nativo de esa región hace ya unos 65 años. Para esa época en el pueblo solo existían 7 casas concentradas con 7 familias y dispersas 49 casas con 49 familias, en total existían para aquel entonces (según Pablo), 618 habitantes.

Un día, este hombre iba en su bicicleta por uno de los senderos de tierra en las afuera del pueblo, pero por alguna extraña razón, faltándole poco para llegar; algo lo hizo desviarse hacia los bosques cerca de las montañas; jamás se ha podido olvidar de aquella mala decisión que ni el mismo supo porque la tomo, pues ocurrió lo inevitable.

Eran pasadas las 5 de la tarde, y ya se divisaba la espesa oscuridad de la noche que empezaba a caer sobre la zona boscosa. Algo lo empujaba a adentrarse, iba como hipnotizado hacia los matorrales, como si alguien empujara su bicicleta, cada vez se hizo mas oscuro, a tal punto de no poder distinguir el sendero. Incapaz de memorizar cual había sido el camino que había tomado, ya que no recordaba la senda de regreso. Comenzó a dar vueltas y más vueltas pero siempre llegaba al mismo sitio de partida.

Se fueron apoderando de él, el miedo y la desesperación, y lo peor aun no llegaba. Para más cúmulo de angustias, se le pincha una de las ruedas de su bicicleta. Para el todo parecía estar perdido. Así, la oscura noche se apoderó del bosque, y el silencio, ese silencio que atormenta y aterra.

Muerto de frío, con hambre, súper cansado y sobre todo con el miedo aterrador que le helaba los huesos, emprendió el camino a pie. 

Debía haber caminado como una hora y media cuando por fin diviso algo no muy lejano de donde estaba, pensó – “Quizás sea uno de los caseríos”- esto le hizo recuperar la sonrisa. Al acercarse vio una vieja casa de dos pisos, elaborada en madera con luz adentro, su desesperación iba desapareciendo a medida que se acercaba a la casa.

“Hay gente dentro” – pensó – “Me ayudarán”. Llamó a la puerta, las personas que le abrieron la puerta, me cuenta Pablo, “Dudo que las haya olvidado y que las olvide el resto de su vida”.

Era una pareja de ancianos, cuyas edades oscilaban entre 75 u 80 años, le atendieron muy amablemente. El hombre que en aquel entonces contaba con 20 años, les comento lo que le había ocurrido, y ellos le invitaron a quedarse y que ya mañana a la luz del día podría regresar nuevamente a su casa. El accedió muy agradecido.

Bahia de Patanemo
La cena no resulto un banquete delicioso, no fue de su agrado, pues la carne tenia un gusto que el jamás había probado, el vino sabia de igual forma, muy extraño. “Es curioso ver como nuestros temores van disminuyendo cuando tenemos a alguien con quien compartirlo, ¿no cree?” – Le dijo el anciano-. “Usted parecía muy asustado cuando llegó, pero poco a poco su miedo fue desapareciendo, supongo que el escapar de la oscuridad puede volver loco a uno”. – Enfatizó la anciana- “¿Quién sabe si el verdadero miedo se debe encontrar cuando creemos que estamos a salvo? Jejeje” –Bromeo el viejo-. “Este anciano como que esta loco” –Pensó el hombre-.

Al rato comenzó a bostezar pues se caía del sueño, y le pidió que le enseñaran donde se quedaría a dormir pues estaba muy cansado por todo el trajín del viaje. El anciano lo llevo hasta sus aposentos.

El hombre cayó en la cama y rápidamente se quedo dormido. Debía ser de madrugada cuando escucho un crujido que lo despertó….. Alguien estaba subiendo las escaleras muy despacio, demasiado diría yo. La desconfianza que este hombre le tenía a los ancianos, lo hizo levantarse y observar por la mirilla de la puerta. Lo que vio le puso los nervios de punta.

Aquel anciano amable y medio loco, iba hacia su habitación con una mirada que haría temblar a cualquiera y con un hacha en la mano.

El hombre entro en pánico e intento desesperadamente huir, busco sus zapatos debajo de la cama y notó algo líquido y viscoso en el suelo, se agacho y vio un cadáver, este pego un grito del susto, lo que hizo que los pasos del anciano se aceleraran.

Bahia de Patanemo y  ensenada La Bocaina
Desesperado el hombre abrió la ventana en el mismo instante en que el anciano abría la puerta, salto por ella y echo a correr por el bosque sin parar ni mirar hacia atrás, mientras escuchaba al anciano gritar: “Puedes escapar de nosotros, pero en la oscuridad estarás eternamente. No podrás huir de tus temores”.

El hombre siguió corriendo y no paro hasta el amanecer.. Por fin consiguió su bicicleta y el camino de vuelta por el sendero. Los rayos del sol lo bañaron de luz y pudo descansar tranquilo, siguió caminando menos acelerado que antes y  al tratar de mirar por el espejo retrovisor de su bicicleta para ver si alguien lo seguía… Oh sorpresa!!!, se miro al espejo y parte se su cabello había encanecido por el miedo de aquella noche.

Una noche que jamás olvidaría…. Una oscuridad que le ha hecho dormir todas las noches con la luz encendida….Un miedo del que no pudo escapar jamás.

Grísseld LecunaGarcia/Bavaresco

Copyright ® 2014 Grísseld Lecuna García



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