sábado, 24 de junio de 2017

JUAN EL BAUTISTA, SU HISTORIA


Juan el Bautista fue un predicador judío, considerado como profeta por las tres religiones principales: el Cristianismo, el Islam y la Fe Bahá’í. Considerado mesías por el Mandeísmo

Desde el principio su nacimiento estuvo dotado de cierto carácter milagroso.


San Lucas lo narra en su Evangelio así:

La Noche de San Juan
María, en los días siguientes a la Anunciación, fue a visitar a su prima Isabel cuando ésta se hallaba en el sexto mes de embarazo. Por lo tanto, fue fácil fijar la solemnidad del Bautista en el octavo mes de las candelas de junio, seis meses antes del nacimiento de Cristo. 
Desde entonces se señaló esta noche como la de San Juan, muy próxima al solsticio de verano que ha heredado una serie de prácticas, ritos, tradiciones y costumbres cuyos orígenes son inmemoriales en toda Europa y América Latina, lo paradójico del asunto es que el 24 de junio se celebra la fecha del nacimiento del Bautista, que en realidad no debería festejarse porque de los Santos siempre se recuerda el día de su muerte. 

Pero San Agustín hace una excepción y le conmemora el día de su nacimiento, porque fue santificado en el vientre de su madre y vino al mundo sin culpa.

Maria y su prima Isabel, el encuentro.
El Evangelio de San Lucas
El capítulo primero del evangelio de San Lucas nos cuenta de la siguiente manera el nacimiento de Juan:

Zacarías era un sacerdote judío que estaba casado con Santa Isabel, y no tenían hijos porque ella era estéril. Siendo ya viejos, un día cuando estaba él en el Templo, se le apareció un ángel de pie a la derecha del altar.
Al verlo se asustó, más el ángel le dijo: No tengas miedo, Zacarías; pues vengo a decirte que tú verás al Mesías, y que tu mujer va a tener un hijo, que será su precursor, a quien pondrás por nombre Juan. No beberá vino ni cosa que pueda embriagar y ya desde el vientre de su madre será lleno del Espíritu Santo, y convertirá a muchos para Dios.

Juan y Jesús de niños
Pero Zacarías respondió al ángel: -¿Cómo podré asegurarme que eso es verdad, pues mi mujer ya es vieja y yo también?.

El ángel le dijo: -Yo soy Gabriel, que asisto al trono de Dios, de quien he sido enviado a traerte esta nueva. Más por cuanto tú no has dado crédito a mis palabras, quedarás mudo y no volverás a hablar hasta que todo esto se cumpla.

Seis meses después, el mismo ángel se apareció a la Santísima Virgen comunicándole que iba a ser Madre del Hijo de Dios, y también le dio la noticia del embarazo de su prima Isabel.

Juan niño
Llena de gozo corrió a ponerse a disposición de su prima para ayudarle en aquellos momentos. Y habiendo entrado en su casa la saludó. En aquel momento, el niño Juan saltó de alegría en el vientre de su madre, porque acababa de recibir la gracia del Espíritu Santo al contacto del Hijo de Dios que estaba en el vientre de la Virgen.

También Santa Isabel se sintió llena del Espíritu Santo y, con espíritu profético, exclamó:

“Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. ¿De dónde me viene a mí tanta dicha de que la Madre de mi Señor venga a verme? Pues en ese instante que la voz de tu salutación llegó a mis oídos, la criatura que hay en mi vientre se puso a dar saltos de júbilo. ¡Oh, bienaventurada eres Tú que has creído! Porque sin falta se cumplirán todas las cosas que se te han dicho de parte del Señor”.

Y permaneció la Virgen en casa de su prima aproximadamente tres meses; hasta que nació San Juan.


De su infancia y juventud nada sabemos, tal vez, siendo aún un muchacho y huérfano de padres, huyó al desierto lleno del Espíritu de Dios porque el contacto con la naturaleza le acercaba más a Dios. Vivió toda su juventud dedicado nada más a la penitencia y a la oración.
Juan comenzó a predicar y a bautizar en el desierto el año decimoquinto del imperio del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba Judea, cuando Herodes era tetrarca de Galilea, su hermano Filipo tetrarca de Itureay Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene, en tiempo de los sumos sacerdotes Anás y Caifás.
Como vestido sólo llevaba una piel de camello, y como alimento, aquello que la Providencia pusiera a su alcance: frutas silvestres, raíces, y principalmente langostas y miel silvestre. Solamente le preocupaba el Reino de Dios.

Cuando Juan tenía más o menos treinta años, se fue a la ribera del Jordán, conducido por el Espíritu Santo, para predicar un bautismo de penitencia.
Juan no conocía a Jesús; pero el Espíritu Santo le dijo que le vería en el Jordán, y le dio esta señal para que lo reconociera: “Aquel sobre quien vieres que me poso en forma de paloma, Ese es”.

Habiendo llegado al Jordán, se puso a predicar a la gente y a bautizarlos, una vez que lo hizo a Jesús, al momento de salir del agua, y mientras hacía oración, se abrieron los cielos y se vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y permaneció sobre El. Y en aquel momento se oyó una voz del cielo que decía: “Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo todas mis complacencias”.
Sus últimos días
Herodías era la mujer de Filipo, hermano de Herodes. Ella se divorciò de Filipo y se casó con Herodes, su cuñado, y entonces cuando Juan fue con él, le recriminó diciendo:

-No te es lícito tener por mujer a la que es de tu hermano; y le echaba en cara las cosas malas que había hecho.

Entonces Herodes, enojado mandó gente hasta el Jordán para traerlo preso, queriendo matarle, mas no se atrevió sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía, pues estaba muy perplejo y preocupado por lo que le decía.

Herodías le odiaba a muerte y sólo deseaba encontrar la ocasión de quitarlo de en medio, pues tal vez temía que a Herodes le remordiera la conciencia y la despidiera siguiendo el consejo de Juan.

Sin comprenderlo, ella iba a ser la ocasión del primer mártir que murió en defensa de la indisolubilidad del matrimonio y en contra del divorcio.

Llegó el cumpleaños de Herodes y celebró un gran banquete, invitando a muchos personajes importantes. 

Y al final del banquete entró la hija de Herodías (Salomé, según el quinto evangelio de Flavio Efeso), y danzó en medio de todos gustando tanto a Herodes, que éste le prometió bajo juramento darle lo que pidiese. Ella, instigada por su madre le dijo; «dame aquí en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista.» 

El rey se entristeció, pero a causa del juramento y de los comensales, ordenó que se le diese, y envió a decapitar a Juan en la cárcel. Su cabeza fue traída en una bandeja y entregada a la muchacha, la cual se la llevó a su madre. 

Llegando después sus discípulos, recogieron el cadáver, lo sepultaron; y fueron a informar a Jesús.

La Iglesia católica celebra el 24 de junio el nacimiento de San Juan Bautista y el 29 de agosto conmemora su decapitación. Se afirma que está enterrado en la gran Mezquita de los Omeyas, en Damasco.

Grisseld LecunaGarcia/Bavaresco

Fuentes:


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