martes, 13 de septiembre de 2016

EL FORTIN SOLANO Y SUS ESTRATEGIAS MILITARES



El Fortin o mirador Solano es una fortaleza militar construida en el año 1766 por orden expresa del Gobernador y Capitán general de Venezuela Don José Solano y Bote. Se construyó en la zona llamada Cresta del Vigía y su función era proteger la ciudad de posibles ataques navales, proteger su puerto, el Camino de los Españoles a Valencia y toda actividad mercantil. Durante la Independencia de Venezuela tuvo gran actividad militar. 


Los españoles nunca construyeron una escalera fija a la entrada del Fortín, siempre fue una elaborada en madera y era parte de la estrategia militar, luego que subía la tropa realista, recogían la escalera e impedían o dificultaban el paso al enemigo.


Todo el Fortín o mirador Solano, aunque era pequeño, tenía cerca de cuatro estrategias militares en su construcción; comenzando por el puente, que antes era de madera y levadizo, este recibía el nombre de “Cortadura Mayor”, que impedía el paso al enemigo por tierra.


Luego el de la escalera. Después, internamente, dentro del fortín existía como una pequeña fosa entre la puerta de entrada y donde estaban los cañones, llamada “Cortadura Menor”, realizada en el Fortín para cortar el paso, allí no había escaleras como hoy sino que la puerta o portón era de madera levadiza que al caer fungía de puente hasta los cañones.



En el Mirador de Solano se estableció un correo de artillería que anunciaba las alarmas disparando un cañonazo, eco reproducido por una batería emplazada en la cumbre del camino, y más allá del verde murallón, en Naguanagua y Valencia. Estos cañones no alcanzaban al blanco para hacer daño alguno (en el mes de Julio del año 1812, el entonces Coronel Simón Bolívar disparó contra el insurrecto Castillo San Felipe cañones de hierro calibre 24 y desistió del empeño porque las balas solo llegaban a la fortaleza por elevación. No había artillero en el Fortín capaz de pegarle a un objetivo a cuatro mil metros de distancia. 

Las bocas de fuego coloniales fueron usadas hasta avanzado el periodo republicano, y sustituidas por  cañones de fabricación alemana marca Krupp, que permanecieron allí hasta mediados del siglo pasado, cuando fueron enviados como trofeos a cuarteles caraqueños.

Por su alcance, estos cañones si protegían la bahía y el puerto. Fueron probados en su efectividad (mas no en su puntería), cuando en Diciembre de 1902 se perpetró el alevoso ataque de dos buques de guerra (“Viñeta”, alemán y “Charibdis”, Ingles), que bombardearon al Castillo San Felipe y el Fortín (fortaleza que respondió a los fuegos), a consecuencia del bloqueo a puertos venezolanos establecido por potencias europeas, en cobro de deudas impagadas por el gobierno del presidente Cipriano Castro.




Grisseld LecunaGarcia/Bavaresco 
Anonimo
Asdrubal Gonzalez

LA LEYENDA PUDO MAS QUE LA HISTORIA DEL BORBURATEÑO JULIAN IBARRA




El personaje popular más conocido en los hechos que culminaron el 8 de Noviembre de 1823 con la liberación de Venezuela, lo fue Julián Ibarra, nacido en Borburata, era un baquiano o práctico (como le decían en aquel tiempo) de los quinientos hombres desnudos que desde el manglar  atacaron la ciudadela porteña hasta conquistarla. Julián Ibarra rompió las barreras del tiempo y del olvido, llevado de la mano por el General Antonio Páez en su libro Autobiografía.

La presencia inicial de Ibarra pareciera una intervención de milagrosa hechura. Dice en una de sus páginas:

El hecho que voy a referir me hizo concebir esperanza en tomar la Plaza por asalto. Fue el caso que dándose  cuenta de que veían todas las mañanas huellas humanas en la playa, camino de Borburata, aporté gente y logré que sorprendiesen a un negro que a favor de la noche vadeaba aquel terreno cubierto por las aguas.

Me informó dicho negro de que se llamaba Julián, de que era esclavo de Don Juan Jacinto Iztueta, y que solía salir de la Plaza a observar nuestros puestos por orden de los sitiados. Dile libertad, le hice algunos regalos encargándole nada dijese de lo que había ocurrido aquella noche, y que no se le impediría nunca la salida de la Plaza con tal de que prometiera que siempre vendría a presentárseme. Después de ir y volver muchas veces logre al fin atraerme el negro a mi devoción, que se quedara entre nosotros, y se comprometiera a enseñarme los puntos vadeables del manglar, por los cuales solía hacer sus excursiones nocturnas.

El autor de este libro, a quien pertenece el trozo anterior, logra el privilegio de convertir en leyenda esta historia, con la finalidad de congraciarse con un pueblo que lo había admirado hasta el delirio, y lo castigaba entonces con el olvido por los errores cometidos en el ejercicio de la Dictadura durante los últimos años de la Guerra Federal (1858-1863).

Pero la verdad de esta historia es otra y documentos de la época así lo confirman……

Julián Iztueta (los esclavos tomaban el apellido de sus amos), o Julian Ibarra, como más comúnmente se le conocía, entro en escena como práctico o guía, el 5 de noviembre de 1823; una carta del día anterior dirigida por Páez al secretario de Guerra, General Pedro Briceño Méndez, establece la certeza de que en tal fecha tenía decidido tomar la plaza, pero carecía de practico o guia…..Julian Ibarra, hombre de confianza de sus amo Don Juan Jacinto Iztueta, quien será el jefe de un secreto grupo de patriotas dentro de plaza asediada, como tal es puesto a disposición del General Páez, para conducir la columna de ataque a través del manglar. 

La leyenda en este caso ha podido más que la verdad emanada de documentos incontrovertibles.

 Grisseld Lecuna Bavaresco

El balcon de la ciudad, Asdrubal Gonzalez