lunes, 20 de octubre de 2014

RECORDANDO AL CELEBRE CLUB EL RECREO.

Hoy vi una fotografía que data del año 74, donde se podía apreciar la demolición del que fuera el gran Club El Recreo.

Ello me trajo mucha nostalgia; aunque son muy vagos los recuerdos que tengo de el, pues era muy pequeña cuando iba con mis padres y hermanos.

Demolición Club El Recreo, año 1974
Pero en particular existe un recuerdo que quedo en mi mente, quizás por el impacto que provoco en mi, y fue un oleaje tremendo que hubo una noche, cuyas olas chocaban con el techo del balcón que daba hacia el mar y el agua entraba por montón al salón principal, todo el club estaba lleno de agua. Estuve aferrada a una silla todo el tiempo al lado de mi madre, hasta que paso la tormenta.

Aparte de eso; su fachada, claro que la recuerdo y muy bien, ya que de grande muchas veces pase por su frente.
Mis hermanos en una de las fabulosas fiestas de Carnaval en el club, por los años 60.

Recordé también las anécdotas que mi madre me contaba con respecto a los grandes bailes que allí se formaban; de las veces que le hacían la rueda al ella salir a bailar con sus buenos amigos (excelentes bailarines) Adolfo Thoddé o el Negro Anzola, ella era la reina porteña del mambo.

Mi hermana Mariela disfrazada de Española, al fondo las escaleras de
 mármol negro que daban a la terraza.
Hubo un director de una de las orquestas que llegaron a amenizar los tantos bailes que se celebraban allí, y la quiso contratar para que fuera su bailarina-modelo, cuando eso sucedió ya Mamá estaba casada y Papa dijo que “No” y allí se quedo todo.

La foto en cuestión, hizo que quisiera buscar en la red mas información sobre este club, ver si alguien había comentado como era, quienes estuvieron en ella, sus miembros, entre otras cosas, y me conseguí con este excelente escrito (y no podría ser de otro modo), de mi cronista (de corazón) y amigo porteño, Pepe Sabatino Pizzolante, titulado:

El inolvidable Club El Recreo
La casona del club, de aspecto señorial y sencilla arquitectura, sobresalía entre las demás fachadas de la calle Bolívar. Hacía esquina con el hotel “La Riviera” y el Teatro Municipal, una de las paradas favoritas en nuestro diario andar regreso del colegio “La Salle”.

La edificación (con la marca del  MOP a un lado de la fachada), lista para ser demolida
De mobiliario modesto pero distinguido aspecto, era inevitable no sentirse atraído a entrar por su ancha sala y recibir la bocanada de viento, que soplaba desde la terraza frente al mar. Se trataba del célebre Club “El Recreo”, del que afirmaba don Carlos Brandt era uno de los más antiguos de su tipo, si no el primero, en Latino América. Otros centros sociales existieron en el puerto, entre ellos “El Trueno” y el “Gut-Heil”, pero no tuvieron la trascendencia del que nos ocupa.

Portada del libro de Actas

Fundado el 16 de agosto de 1852, reunió en su seno lo más granado de una sociedad suma de muchas culturas y de duro trabajar.

Cuarenta y siete fueron los miembros fundadores, un selecto y variopinto grupo de personas, cuando observamos los nombres de algunos de sus promotores: Fernando Olavarría —elegido como su primer Presidente— Federico Hagan, Hugo Valentiner, Francisco Kerdel, Eduardo Baasch, David Lobo, Sebastián Boguier, Ricardo Kolster, Martín Allegrett, Antonio Jelambi, Fernando V. Olavarría, Luis Auné, Manuel Jove, Policarpo Ricart y Víctor Chartier, todos comerciantes y profesionales de grato recuerdo.

Salón principal y su terraza con vista al mar.
El 31 de octubre del año siguiente los socios aprueban el reglamento general, momento a partir del cual la admisión de los miembros queda regulada, convirtiéndose en el punto de encuentro predilecto de aquellos en búsqueda de gratos encuentros y amenas conversas. Además de los socios activos el club recibía en su seno a otros de carácter honorario, que incluían casi siempre a los funcionarios consulares destacados en la ciudad.

La Casa Guipuzcoana; diagonal a ella, el Club El Recreo (1852)
El club comenzó sus actividades en un inmueble cercano a la Casa Guipuzcoana, tal y como puede apreciarse en una vieja litografía de H. Neun incluida en el “Álbum de Caracas y Venezuela”, publicado en 1877-1878.

Contaba con una biblioteca que fue formándose con donaciones de sus miembros. Se encontraba en sus anaqueles, por ejemplo, la edición de Los Mohicanos de París, de Alejandro Dumás, hermosamente impresa en 1860 en el taller de Juan Antonio Segrestáa, y entregada a la biblioteca el 31 de octubre de 1902 por los socios Cubillán, Kolster, Guruceaga, Gramcko, Moratinos, Braschi, Frey, Meier, Volbracht, entre otros.

Vista desde el mar, El Recreo (derecha) y Hotel Riviera (izqquierda)
En las primeras dos décadas del siglo XX, se adquiere la casona de la calle Bolívar, cuyos espacios albergaban un bien dotado bar, una mesa de pool, además de un cómodo mobiliario para entregarse a los interminables encuentros.

No hubo personalidad que visitara la ciudad sin que hiciera parada obligada en ese centro social, dejando constancia de su impresión en el libro de visitas.

El salon de juegos con su mesa de pool
En septiembre de 1904 lo hace el General Cipriano Castro, quien escribe de puño y letra: “… Me inscribo al club más antiguo de Puerto Cabello, Club “El Recreo”, hoy día de dicha y satisfacción para la República, y en especial para el puerto más importante de la Nación, que por mil títulos es digno de mi consideración….”.

El centenario del club, en 1952, fue celebrado por todo lo alto, correspondía la presidencia entonces al Dr. Adolfo Prince Lara.

Algunos de sus miembros en grata charla.
Se organizó una sesión solemne para conmemorar tan extraordinario acontecimiento. Se pronunciaron algunos discursos y luego todos los miembros se pusieron de pie mientras se mencionaban los nombres de los 47 miembros fundadores, guardando un minuto de silencio.

 Cumplido el protocolo, a las diez de la noche se abrió el baile de rigurosa etiqueta, amenizado por dos orquestas traídas de la capital. 


En una de las fiestas aniversarias, impusieron condecoraciones
 a los miembros, entre  ellos mi Padre. En la foto, una 
señorita le coloca la distinción.

Los tiempos de esplendor cultural del puerto se fueron, como igual lo hicieron muchos de los hombres que le dieron vida a ese lugar de sano encuentro. 

Un día cualquiera de los setenta, sus paredes cayeron una a una hasta la completa demolición del inmueble, presa de la frenética búsqueda de Puerto Cabello por la modernidad, a veces destructora del patrimonio arquitectónico.




http://www.notitarde.com/VersionImpresa/Columnistas-del-Dia/El-inolvidable-club-El-Recreo/2013/10/21/274389

https://www.facebook.com/memorabiliaportena/photos_stream?tab=photos

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