martes, 1 de marzo de 2016

MI VIAJE POR ESTAMBUL

Aduana aeropuerto Estambul
Mi viaje se inicia en el Aeropuerto de Atatürk en Estambul, Turquía a eso de la 1:30 de la madrugada; apenas saliendo del avión y entrando al aeropuerto con la calefacción a todo dar y el penetrante olor a especias que emanaba del sudor que se mezclaba con las personas que hacían la fila para pasar por la aduana. 


Aeropuerto de Atatürk
El calor sofocante me hacía ver con mucha pena a un par de mujeres ataviadas con sus burkas, ¡como debían de estar sudando!, pero ellas firmes en su cola. El olor en el salón era muy penetrante, los olores se entremezclaban con personas de distintas nacionalidades; y allí estaba yo sin poder respirar a punto de desmayarme. 

Al salir de la fila, una hora después (había demasiada gente entrando a la ciudad), fuimos a buscar el carro que ya habíamos alquilado por internet, duramos otra hora mas para adquirirlo (en Alamo rent a car). Al fin salimos, Alex (mi compañero de viaje), y yo. Ya eran las 3:30 am.

Aleluya!!! una vez fuera del aeropuerto pude respirar aire puro, esa brisa fría característica del otoño estambuli como me habían comentado. 

El Malecón y el Mar de Marmara
Desde la ventana del auto pude mirar el malecón desbordado del mar de Marmara. y del lado contrario, como si nos siguiera estaba la Muralla de Constantinopla; leí que durante su historia tuvo ampliaciones y modificaciones, fue mandada a construir por Constantino el Grande

Hoy día muchos tramos han sobrevivido y donde ya no existen, fueron elaborados nuevamente y son parte de establecimientos de comercios… 


Las Murallas de Constantinopla
Por la autopista (sin huecos), se podía divisar las luces del otro lado del Marmara, cual nacimiento navideño: esa hermosa parte era el Estambul Asiático

Donde estaba yo era el Europeo. Estambul (allá se le dice Istanbul), es una de las tres urbes transcontinentales que se sitúan entre Europa y Asia. 

El Acueducto Valente
Y continué admirando cada paisaje, cada edificación y sin darnos cuenta nos pasamos la zona colonial (la antigua Estambul donde estaba el hotel), y llegamos al barrio de Unkapani y Beyazit, donde pude admirar (y pasar por debajo) del acueducto de Valente. 

Este acueducto fue construido bajo el reinado del emperador bizantino Valente en el año 368. Tiene 64 metros de altura desde el nivel del mar y 20 metros desde su base... hermoso y bien cuidado, todo un espectáculo. 
hermosa Mezquita

De vuelta para tomar la vía hacia el hotel nos estacionamos frente a una hermosa e iluminada mezquita (después pude constatar que a todas las mezquitas las iluminan), para tratar de conversar con un taxista que solo hablaba turco, para que nos llevara (siguiéndolo a él en nuestro carro) hacia el hotel. 

En la zona donde se encontraba el hotel Ilkay, en el distrito histórico de Estambul, situado en Sultanahmet, es la zona más hermosa por sus callecitas de piedra, en algunas aladrilladas por donde pasa el tranvía. Es la parte mas turística.

Calle de la zona colonial
Llegamos y ya eran las 5 am. Como por esa calle pasa el tranvía debíamos dejar el carro en la otra calle, un poco más arriba y bajar (es una calle empinada), con las maletas hasta el hotel. Hicimos el check in, entonces descansaríamos un rato para luego tomar camino hacia Grecia para conocer Alexandropoulos; eran apenas tres horas, pero el clima no nos favoreció; la lluvia y el frío nos dejó en el hotel todo el día.


Estación de Policía
Luego en la noche salimos a conocer Estambul a pie, así cenamos y disfrutamos del paisaje nocturno pues en el primer día aún no había visto la claridad del día. 

Caminando la zona colonial con el aire congelante, pude ver la estación de la policía (donde no vi ni un agente y las puertas cerradas), la seguridad de allí es fabulosa (me dijeron que antes no era así). 

La Mezquita Azul
Eran las 11 de la noche y continuamos caminando, cuando de repente nos topamos con una hermosa edificación; era la Mezquita Azul (impresionante), estaba alumbrada a medias (le estaban haciendo mantenimiento).

Esta mezquita también conocida como mezquita del Sultán Ahmed, es una de las más grandes de Estambul; situada frente a la Iglesia de Santa Sofía, la cual si estaba iluminada totalmente. 

Detrás de mi La Iglesia de Santa Sofia
Estos hermosos monumentos están separados por una plaza y fuente que lamentablemente estaban apagadas por mantenimiento al igual que la mezquita azul. Pude ver en fotos toda esa zona alumbrada y es espectacular (que lastima que no la pude apreciar en todo su esplendor). 


La mezquita del Sultán Ahmed cuyos mosaicos son de color azul, le da esa sinfonía única de ese bellísimo color que toma una atmósfera especial. 


Tiene seis alminares o minaretes (ese es el nombre con que se designan a las torres de las mezquitas). 


Calle del distrito histórico 
La Iglesia Santa Sofía o como le llaman los turcos Ayasofya, fue la iglesia del Papa, luego fue tomada por el imperio Otomano y convertida en mezquita; contiene 4 minaretes. 

En el año de 1935 Atatürk (Mustafa Kemal Atatürk; fundador de la República Turca); transformó el templo en museo; pero no pudimos entrar, ya era muy tarde. 

Sus calles llenas de comercios y comerciantes que al pasar frente a sus establecimientos te invitan a entrar, con una labia que si no te espabilas sales comprando la mitad de la tienda o te comes el plato más caro del restaurant. 
Paseando por el Estrecho del Bosforo, detrás
 de mi el Palacio de Dolmabahce. 

Y si al día siguiente pasas de nuevo por el establecimiento, te llaman por tu nombre como si te conocieran de toda la vida y te saludan en tu idioma, invitándote de nuevo a pasar; son muy pintorescos...!!

El siguiente día tomamos un tour por el Estrecho del Bósforo. 

Este estrecho de 30 kilómetros de longitud conecta al Mar de Marmara con el Mar Negro y separa la parte continental europea de la parte asiática de Turquía, dividiendo, al mismo tiempo, la ciudad de Estambul en dos partes.

Palacio Orakoy
Estas partes son conocidas como ciudad vieja (donde se encuentran la mayoría de monumentos históricos, mezquitas y demás) y la ciudad moderna

Sus aguas con ese hermoso color de un esmeralda suave, casi como el color de una piscina, ademas de tranquila y limpia. 

En este tour se recorre las orillas, disfrutas de los Palacios y hermosas mansiones a orilla del Bósforo.

La brisa que pegaba en el barco era impresionantemente fría y algo fuerte. 

En ella pude apreciar varios Palacios, entre ellos vi el Dolmabahce, el Orakoy, el Ciragon y el Bylerbeyu

Puente desde el estrecho del bosforo
A lo largo del trayecto ves el ambiente de la ciudad que no se reduce solo el centro histórico, hay mucho mas que ver. 


Durante la travesía que dura más o menos hora y media, pasas por debajo del puente del Bósforo o puente Bogaziçi y el Fatih Sultan Mehmed o segundo puente, ubicado en el punto más angosto del estrecho. 


Desde Pierre Loti, Colina del Cuerno de Oro
Una vez terminado el viaje por el mar, nos trasladamos al famoso Cafe de Pierre Loti, que debe su nombre al escritor francés el cual iba frecuentemente a este maravilloso rincón del Cuerno de Oro para inspirarse  (tanto así que se enamoro de una mujer turca que estaba casada, escribiendo una novela autobiográfica "Aziyade", en que narra su aventura).  

Para llegar hasta allá, nos dirigimos en autobús hacia el barrio musulmán de Eyüp Leique, es el barrio más fiel a las tradiciones, un territorio sagrado para el Islam cuyo centro es la mezquita que le da su nombre. 


El Cafe de Pierre Loti, al fondo, Estambul
Bajamos del bus y seguimos el recorrido por el barrio a pie. 

Y así llegamos al café de Pierre Loti y al cementerio de Eyüp ubicado en la colina del Cuerno del Oro, se trata de un cementerio musulmán muy visitado, ya que las tumbas se ubican desde lo alto de la colina hasta la base de la misma.


Cementerio de Eyüp
Existe la otra parte la cual ofrece un agradable paseo rodeado de árboles y mucha vegetación; además de la increíble vista de Estambul y del estrecho del Bósforo

Toda la vista es simplemente hermosa. 

También está el teleférico que en un par de minutos llegas al mirador de Pierre Loti. Nosotros lo tomamos de regreso. 
Bajando por el teleferico

Bajando nos tocó una larga cola, pero como estaba acostumbrada a las de mi país, no me afecto mucho, esta se me hizo rápida. En ella se aprecia una hermosa vista. 

Me hubiese gustado permanecer allá hasta la puesta del sol para comprobar si, como dicen, sus aguas se tiñen de color dorado, pero el tour no esperaría por mí. 

En los pocos días que estuve en Estambul pude disfrutar de algo que me ponía la "piel chinita" y era cuando sonaba el salat por el minarete (lo escuchaba en la hora del mediodía y en la tarde). 


Asomada por la ventana del hotel
 escuchando el muecin
El salat (vulgarmente se le llama muecin), es un llamado para la liberación del pecado diario (se ejecutan 5 salat u oraciones) que se escucha desde parlantes que están en la torre de las mezquitas. Yo lo había escuchado algunas veces por televisión pero no en persona y para mí fue alucinante. 




Calle de Sultanahmed, zona histórica
El pasear por la zona de Sultanahmed de noche es divino, con la brisita fría, el sentirse protegida, y eso que no vi ni un policía en la calle; allí tampoco llegue a ver ni a un malandro, ni a un niño pidiendo y menos a un ladrón. 

El poder caminar a la 1 de la madrugada sin sentir pánico, se siente bien, es algo que hoy en día no se puede hacer en mi país (es muy lamentable). 

Desde las 11 de la noche las calles quedan como si hubiesen dado un toque de queda. 


Pasando el tranvía por las calles solitarias  de Estambul
Al pasear por las calles completamente vacías era lo último que me podría imaginar. 

Quizás en la zona nueva pudiera ser más bulliciosa, pero de este lado era una tranquilad total.

Al principio me dio pánico, el andar por esas calles solitarias con poca luz y sin un alma que tropezarte por la acera, se siente incomodo; luego me fui adaptando. Caminamos desde las mezquitas hasta el malecón, es un tramo considerablemente largo…

Paseando por el solitario malecón
Solo vimos a un grupo de turistas alemanes que estaban alucinando al igual que nosotros.

Para mí, la sensación fue mágica, y resulto sencillamente espectacular ver esas mezquitas brillando en el cielo oscuro de la noche estambuli, sacadas de un cuento de hadas, uno de los momentos más mágicos y espectaculares que viví en la ciudad. 

Vista desde el malecón hacia el Estambul Asiático

Ademas, pasear por el malecón, el sentarnos y disfrutar del clima, brindando con vino tinto y unas copas que el restaurant donde cenamos nos regaló (aunque creo que nos lo cobraron), son momentos inolvidables. 

Al siguiente día pude ver y entrar a la estación de Sirkeci, la estación central del Expreso de Oriente, es algo fuera de este mundo, todo tan bien cuidado, sus pisos relucientes. 


Estación del Expreso de Oriente
Y aunque el suceso ocurrió en el aeropuerto; al entrar a dicha estación me hizo recordar a aquella famosa película llamada el Expreso de Medianoche; que narra a un americano, que es sorprendido en el aeropuerto de Estambul al tratar de abandonar el país con hachís adherido a su cuerpo. 



Una de las viejas entradas al
 Expreso de Oriente
Lo cómico fue que después que salí de aquella hermosa estructura, recordé a la película Asesinato en el Expreso de Oriente, de este tren que queda varado en los Balcanes por una tormenta de nieve y al día siguiente descubren que un pasajero multimillonario fue asesinado. 

Cinematograficamente estaba enredada pero personalmente, estaba contenta de haberlo conocido.

Del lado contrario de la estación, está la nueva terminal que constituye el principal nodo de conexión de la red ferroviaria de Turquía con el resto de Europa. 


El habitante de la estación de Sirkeci
Debo acotar; como amante de los miau-miau, que había en la estación un habitante gatuno que dormía su siesta en uno de los bancos de la estación, le tome una foto y ni se inmuto, quizá estaba acostumbrado a los flashes…quien sabe! 

Los días que pase en Estambul serán inolvidables; su gente, su idioma, su cultura, todo nuevo para mí.

El susto de caminar a altas horas de la noche por sus calles casi vacías, el frió penetrante, el tener que acostumbrarme a ellos para pasarla bien, la alegría de conocer un nuevo país, el escuchar tan de cerca el muecin, mi pulsera de ojo turco, probar un pez redondo de 200 dólares, el hermoso color del mar de Marmara, la Muralla, el Expreso, el Acueducto, las Mezquitas, el té de granada y otras tantas cosas que se me escapan al momento de escribir esta entrada, pero que no se me olvidaran.

Tantos lugares que no pude ver ya que en un fin de semana no se puede conocer todo, pero tengo la certeza y firme convicción de que la próxima, con mas calma, podré lograrlo, pues sé, que volveré a estar allí. 

Grisseld LecunaGarcia/Bavaresco

Viaje efectuado en Octubre del 2015

La Torre Galatas
Los dervishes girando
Iglesia Santa Sofia
Mezquita Azul
Vista de Estambul desde Pierre Lotti en la Colina
 del Cuerno de oro

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