sábado, 26 de marzo de 2016

MONCHI PAEZ: LAS SEMANAS SANTAS DE MI ÉPOCA PORTEÑA

En esta semana mayor, les quiero entregar este escrito del dia de ayer que lei en el blog de mi Tío Monchi (Ramón Páez Hernández), donde de manera amena nos "echa" el cuento (y otras cosas mas), de como vivió la Semana Santa en su Puerto Cabello de ayer...... disfrútenlo..!!!!




Echo la mirada atrás y  retrocedo mis recuerdos a finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta. Tiro el ancla en la coronación de la Cuaresma de aquellos lejanos tiempos:  La Semana Santa. Puerto Cabello pone el escenario de donde me propongo con estos comentarios darle vida presente  a hechos concurrentes e inolvidables que dejaron su impronta cincelada muy hondo en       mi alma, que junto a otras muchas vivencias, me han encadenado bajo mi feliz consentimiento, a una estrecha y sentimental unión  con todo lo que tiene que ver con ese amado terruño que me vio nacer hace ya casi ocho décadas y media.

Los Martes Santos era la fecha escogida por las autoridades eclesiásticas de la ciudad para que los hombres confesáramos, mientras que los Miércoles se destinaban a la Comunión. No preciso ahora si todos los Templos porteños estaban habilitados para ello,pero la mayoría de los varones mayores cumplíamos ambos Sacramentos en el Templo Nuevo, tal como entonces acostumbrámos denominar al Templo San José, ubicado siempre como hasta hoy día,  frente a la Plaza Bolívar, en la Calle Anzoátegui. Las Confesiones comenzaban a partir de las 7.oo pm. atendidas simultáneamente por cuatro o cinco sacerdotes; en tanto que las Comuniones las recibíamos en los Oficios de Homilías  que cada hora se celebraban desde las seis de la mañana deldíaMiércoles.. Cabe aclarar que en esos tiempos las fábricas , los comercios en general, las oficinas y despachos públicos, laboraban con sus horarios ordinarios; dado lo cual  se pone de manifesto la grandeza de la Fe y el  Cristianismo Católico -con esa muestra de recogimiento espiritual - que  habitaba fervorosamente en sus  gentes, dado que también las mujeres cumplían fiel y devotamente su religiosidad. Ya habría tiempo y espacio para el divertimento y el disfrute  de las playas y ríos,  pues el Jueves y el Viernes Santos no eran laborables, y naturalmente, ni el Sábado ni tampoco el Domingo.

Vale destacar que era tan notable la religiosidad  católica del porteño en Semana Santa, que el Viernes podíamos estar en Patanemo, en Miquija, o en San Estaban; en Playa Blanca o en Gañango, en El Palito o Borburata. En cualesquiera de sus playas, gozando de un buen baño y de un sabroso sancocho de pescado, pero muy atento al paso de las  horas, pues a las 4.oo en punto teníamos que estar  - de punta en blanco, como nos decían nuestras madres - unos en la Iglesia de la Caridad. y otros en el Templo de San José. De este último saldría a hombros de feligreses la imagen del Cristo Crucificado, que en posta la conducían  a encontrarse con la de su Santa Madre justo en la Plaza La Concordia, a pocos metros de su nicho en La Caridad. Ese encuentro ciertamente nos llenaba cada vez que lo presenciábamos,  de una más que enternecedora; indecible  pasión del más puro cristianismo, lo cual nos hacía dulcemente obligante repetir nuestra presencia al acto cada próximo año, incluído el acompañamiento a la procesión  lenta y con velas encendidas y cantos litúrgicos, de vuelta de ambas imágenes al Templo San José. En el curso de los días siguientes a la Semana Mayor, la imagen de la Virgen María es traída de retorno a la Iglesia de la Caridad.

Hoy celebramos en Venezuela el Viernes Santo de este año 2016. Hace casi cuarenta lunas que con mi mujer y mis hijos nos mudamos a Caracas. Y desde el mes de Julio del pasado 2015 estamos viviendo en Miami junto a tres de nuestros retoños, y también de los de ellos mismos. Las causas y razones del porqué de este último evento, son harto conocidas, o cuando menos presumibles. Así que huelga referirme a ello. Y en cuanto a lo que he narrado sobre las Semanas Santas de mi Puerto Cabello del ayer, carezco de las herramientas imprescindibles para compararlas con las de los tiempos de la modernidad. Pero no tengo dudas que respecto a la religiosidad que las enmarcaba en aquellos tiempos pretéritos, poco de ese caldo debe quedar en la olla. Porque es patente y muy notoria el grado de falencia que ha venido carcomiendo las raíces del Catolicismo. Particularmente desde el Concilio Vaticano ll, que comenzó bajo el patrocinio del Papa Juan XXlll  - el recordado Papa Bueno - y concluyó en 1965 cuando el Papado de Paulo Vl.  Y no soy yo precisamente el padre de tal afirmación, sino el recetario de los hechos sobrevenidos posteriormente. Hoy he tenido la oportunidad de leer en El Nuevo Herald de aquí de Miami, un interesantísimo artículo  del S.J., Guillermo Arias , donde ejemplifica a través de unos bien enhebrados y certeros sarcasmos, cómo se han venido empañando los sagrados muros de nuestra reverenciada , milenaria y Santa Iglesia Católica. "EL FRACASO DE JESÚS" , tituló con marcada pesadumbre su artículo el sacerdote jesuíta Guillermo Arias. Cito a continuación algunos de sus sarcasmos, que lo llamo yo de pasado:  "Pecado ?  Pecado ? Qué dice ? Ese concepto atávico e intrascendente no nos dice nada. En qué planeta viven ustedes ? Que si odiar es pecado, que si abortar también ... Déjense ya de eso ! Hace rato ya que es legal, y hasta lucrativo!" Y continúa el religioso: " Asumo que estás razonablemente al tanto de lo que pasa en Europa. Decidieron desentenderse de sus raíces cristianas y tomar esa lisonjera ruta amoral e inmoral  que te entusiasma. El Islam sectario, convulso, desbocado, rompe por todas sus fronteras. Bombardear  por todas partes ya no resuelve nada. Al contrario, lo ha complicado todo aún más... Se resquebrajan vertiginosamente las endebles bases de su idílico confort y no saben hacia dónde coger. Le vendieron su alma alegremente a Satanás y comienzan a darse cuenta que sólo les cohesiona el euro, cada día más inestable y maltrecho. Observa en concreto a España - continúa el cura jesuíta su regaño que es eso su jalón de orejas al mundo- No logran formar gobierno. Nadie confía ya más en nadie. Jamás se imaginaron que unos y otros podían ser tan corruptos ! Calcularon bien mal. Una vez que se ignora o desprecia a Dios y sus leyes, nos saltamos - liberados - todas las demás barreras. Aún las que nos protegen de despeñarnos." Una y otra vez el Padre Arias coloca de relieve  el amor a Dios nuestro Señor, a que parece hemos de facto renunciado - y es mía la interpretación -  para lanzarnos gozosos a los brazos de la perdición que con diferentes caras y matices nos ofrece en tentación el Ángel Caído. Y para terminar estos comentarios con los que he intentado reivindicar mi FE este Viernes Santo del 2016, unas cuantas reflexiones más sacadas al voleo del artículo del sacerdote jesuíta: "El alma del pecador está muerta, aunque su cuerpo esté sano, dijo San Agustín."  Por estos derrumbaderos andamos. Demasiados desalmados carentes de amor o respeto a Dios cargan armas convencionales, químicas y nucleares en esta encrucijada de la Historia. Hasta cuándo - se pregunta angustiado el religioso - podrá ampararnos el desmedido Amor que nos ha mostrado el Padre en su Hijo  Crucificado, si continuamos burlándonos de Él? " Y éste otro, sin desperdicio alguno: "Un médico no puede ayudarte si no admites que estás enfermo. Jesús no puede sanar a quien no reconoce sus pecados ni pide perdón." Sinceramente recomiendo a quienes me lean, que hagan lo propio vía internet con la edición de hoy de el Nuevo Herald,  y se regodeen leyendo completo el artículo del que les he hablado. Está en el Cuerpo de la Página 3B. A veces es refrescante y altamente aleccionador y provechoso, apartarse un momento de los ruidos del mundanal acontecer, y entregarse a la lectura de las cosas de Dios.


http://monchipaez.blogspot.com/2016/03/las-semanas-santas-de-mi-epoca-portena.html?spref=fb

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