jueves, 22 de abril de 2021

LAS CALLES DE MI PUERTO.

 

Los nombres de las calles tejen un complejo tapiz de memorias. Nos pueden contar mucho sobre la historia y cultura de una ciudad. Una gran parte de ellos tiene carácter conmemorativo, es decir, han sido elegidos para elogiar personalidades, eventos y valores que se consideran importantes para la colectividad. 

Quiero hoy comentarles de los cambios que han surgido desde tiempos iniciales en nuestras calles porteñas. Ayudándome del libro “Visiones del viejo puerto” Volumen II; de mi amigo Pepe Sabatino, donde comenta sobre las viejas calles del Puerto, y entre otras investigaciones, conoceremos esos cambios de nombres que ocurrieron desde la época de independencia hasta nuestros días.


Calle Bolivar, antigua Colombia (Puente Dentro)


Como sabemos, buena parte de los terrenos porteños eran anegadizos, es decir, eran terrenos bajos, cubiertos de agua, rodeados en parte por manglares. Y para aquel entonces, las dos calles más antiguas del creciente poblado y según los planos del siglo XVIII (que aún se conservan), eran las calles de la Estacada y Contaduría (actual Calle Comercio) y la calle Real de la Iglesia (hoy calle Bolívar).

Es de hacer memoria que este núcleo urbano tiene sus inicios en parte de lo que hoy es la zona histórica o colonial, asiento de los edificios de la Compañía Guipuzcoana que se establecen en 1730, así como las viviendas de sus empleados y autoridades.


Calle Bolivar (Puente Fuera) año 1920

Bajo el amparo de sus fortificaciones, adquiere la forma de una plaza fuerte amurallada dentro de cuyos muros se encontraban los muelles, almacenes y funcionarios de gobierno, junto a las familias acomodadas, recibiendo el nombre, dado por sus propios habitantes como Puente Dentro, que estaba separada de tierra firme por un canal de agua. Localizándose del otro lado el arrabal, en el que los pobladores más humildes se habían establecido por la fuerza de las circunstancias y con muy poca planificación de las autoridades. Esta porción se le conocía como el pueblo exterior o como Puente Fuera.

LOS CAMBIOS

Estas calles cambiaban de nombre según se tratara de una parte u otra de la ciudad, entonces el límite de lo que se conocía como Puente Dentro (actual zona histórica), era la calle Girardot. Para mediados del siglo XIX, en Puente Fuera, la calle Plaza se denominaba Los Cuernos y la calle Bolívar desde la calle del Mercado hacia el sur, se conocía como la Calle Real.


Calle Anzoategui (antes El Mangle)

Las actuales calles Colombia (desde el Concejo Municipal hasta la Iglesia el Rosario), Anzoátegui y Municipio se llamaron así en su recorrido dentro del sector Puente Dentro, mientras que en Puente Fuera se denominaban Bolívar, San Francisco y del Ferrocarril, respectivamente.

Para 1893, se producen unos ligeros cambios en la denominación de las calles, apareciendo incluso una nueva calle. Así pues, en Puente Dentro, aparece la calle Anzoátegui identificada como la calle El Mangle. Comienza a delinearse, además, la actual calle Puerto Cabello, mediante el cegado de aguas manglares.


Calle Comercio (Antes conocida como la Libertad, luego
la estacada y después la Contaduría).

La actual Avenida Bolívar (desde los muelles hasta las inmediaciones de la Avenida Lebrún), se conoció primero como La Geringa (o Jeringa), luego como Colombia, Alante, De La Iglesia, Real y Granaderos. La calle Comercio, se llamó La Libertad, la Estacada y Contaduría. La calle Anzoátegui, se conoció como la Del Mangle. La calle Sucre, como la de Los Cocos y el Jabón. La calle Plaza, como la de Los Cuernos y Cantarrana. La calle Valencia, como la del Negocio.

La calle Lanceros, en sus inicios se llamó Ño Morian. Se ignora cuándo comenzó a llamarse Lanceros, pero resulta interesante mencionar que para el año 1825, había una calle llamada  Calle del General Páez, mencionada en el “Vigía”, primer periódico local, en su edición del 16 de mayo, lo que lleva a pensar si, ¿No será la misma calle?, y que más tarde se bautizo con su nombre actual.


Calle Lanceros (antiguamente Ño Morian)


Y, tratando de dilucidar esta incógnita, en una vieja “Memoria del Ministerio de Hacienda” (1877), al darse cuenta del destino que corrieron algunos bienes confiscados durante la revuelta independentista, se menciona una casa de Juana Urquieta, situada entre las calles Colombia y General Páez, pareciendo aludir la segunda a la actual calle Lanceros, recordemos nuevamente, que la calle Colombia es hoy Calle Bolívar.

Todavía nos queda mucha tela por cortar,  pero será en otra ocasión.


 Grísseld LecunaG/Bavaresco


Fuente:

Sabatino Pizzolante, José Alfredo. Visiones del viejo Puerto. Volumen II.                               Las viejas calles del puerto. Págs. 25 al 36. Rivero Blanco Editores.

Fotografias: Memorabilia Porteña y Google.

 


domingo, 18 de abril de 2021

LA PORTEÑA MARUCHA HENRÍQUEZ: VIDA Y PASIÓN DE LA PERLA NEGRA

 

“He encontrado la forma de sobrevivir a este infierno de humo, de hombres vociferantes, de mujeres trasnochadas (de mi propio trasnocho). Cuando el humo se me atasca en la garganta y los pérfidos vapores del perfume barato que aquí se respira amenazan con ahogarme, pienso en mi infancia en Puerto Cabello. Me basta con cerrar los ojos y evocar la tibia brisa que viene del mar en mi pequeña ciudad para planear por sobre las parejas que aún se sostienen de pie esta madrugada más a empellones que unidas por la danza”.

María Henríquez "Marucha", fue una connotada pianista y cantante carabobeña, nacida en Puerto Cabello y fallecida en Nueva York. Era poseedora del más legítimo talento musical y fulgurante estrella que cultivó el género del bolero en los escenarios venezolanos y de la América.




Algunos que la conocieron decían de ella que era lo que se dice una negrita fina, o sea que su piel se veía siempre como tostada y sus rasgos eran delicados. Era una mulata clara. No muy alta, de contextura apretada (de suave musculatura) y un cabello negro, muy lindo. Tenía la boca pequeña, muy pequeña, y un diente montado que le daba un aire gracioso a su sonrisa. Siempre se estaba pasando la mano por el bozo porque transpiraba mucho: era muy vital. Era muy bonita y muy alegre.

Marucha quien era una cantante y músico de desbordante talento natural, tocaba el piano con soltura y cantaba sus canciones populares con calidad de solista y voz de mezzosoprano.

Muy joven llegó a Caracas y casi inmediatamente se integró a la farándula de la capital para codearse con las que entonces eran divas de la canción.

En el año 34 llegó a la Broadcasting Caracas (hoy Radio Caracas) y convenció a todos por su talento y particular estilo. Era su primer trabajo. Cantaba precioso y se acompañaba al piano con gran eficiencia. Tambien acompañaba a otros cantantes.


Manolo Monterrey

El maestro Aldemaro Romero decía de ella que era de carácter jovial y desenfadado, libre de prejuicios y convenciones, condiciones que le abrieron paso como prima donna de cabarets en los pocos escenarios noctámbulos caraqueños de los cincuenta, donde era de rigor la presencia y actuación profesional de anfitrionas de la nocturnidad. En 1938, Marucha se unió al famoso cantantes y guitarrista cubano Manolo Monterrey para formar un dúo que disfrutó de la máxima nombradía y éxitos posibles en la Caracas de entonces (La Perla y Manolo). 

Ya para el año 39, era artista exclusiva de Radio La Esfera (lo que después sería Radio Continente). Ahí trabajo con Graciela Naranjo, formando un dueto muy popular que se llamó Las Dos Perlas. Ese año grabaron dos canciones en una pasta de aluminio que fue a tener a la Odeón, de Buenos Aires. Ella cantó «Ahora que eres mío», del cubano Emilio Jurí, el cual era su novio, y Graciela Naranjo «Solo contigo» de Chucho Martínez Gil. A vuelta de correo les enviaron un contrato por dos años donde les ofrecían un salario de 45 dólares, y centavo y medio por cada disco vendido. Pero no firmaron contrato porque Marucha no quiso, le pareció muy poco.



Es así como después graba su primer disco como solista, con arreglo y acompañamiento del maestro Aldemaro Romero, ejecutados por una orquesta constituida con los mejores músicos de aquel momento caraqueño. Las dos canciones que entonces se grabaron fueron; «Resignación» y «Ya llegó», eran de la autoría del pianista cubano Luis Cárdenas. 

Perla comenzó a viajar por el Caribe, Suramérica, Centroamérica y los Estados Unidos. Venía a ver a sus familiares y volvía a irse. Tuvo mucho éxito en esas incursiones internacionales pero también tuvo muchos reveses que le costaron gran sufrimiento porque Perla, en realidad, era una muchacha ingenua. Se ilusionaba enseguida y solía enamorarse de hombres blancos que la engañaban o la maltrataban. Una vez se fue a Colombia con el trío de Johnny Rodríguez, se enamoró de uno de ellos y en algún momento la dejaron abandonada en Bogotá. Logró irse a Cuba y ahí se casó con un hombre que trabajaba en el circo. El tipo la golpeaba por rutina hasta que se le pasó la mano y en una golpiza le malogró su único embarazo. Después de perder a sus morochos, nunca volvería a quedar en estado. En Caracas se enamoró del cantante cubano Pepe Acosta, que murió en la indigencia, destruido por el alcohol y la droga.

Aldemaro Romero

En el año 52, se muda definitivamente a Nueva York, en la convicción de que toda la ciudad era limpia, fragante y discurrida por correctos ciudadanos en abrigos impecables. 

En el año 59, quién sabe con qué clase de elemento andaría cuando le ocurrió la tragedia en Nueva York. Unos pistoleros habían entrado a robar al sucucho donde ella trabajaba, un bar en Harlem, tocando el piano y en la balacera fue alcanzada por el disparo que la mató. De su muerte injusta, violenta y prematura fue culpable su amante de turno, un percusionista mediocre y malvado que la introdujo a la sordidez de las drogas.

Y así fue como en Nueva York concluyó Marucha su carrera y su vida.

Todo parecía que iba a funcionar, que mi arrancia iba a terminar y que por fin sería la gran artista que soñamos mi madre y yo mientras me acicalaba en Puerto Cabello. No sé qué pasó……. Tampoco habrá nadie que cante este ínfimo bolero de olvido y destierro”.

 

Grísseld LecunaG/Bavaresco

 

Fuente:

Pasión y muerte de la Perla negra / Revista Imagen 1998 | Milagros Socorro

Con entrevistas a Aldemaro Romero y a Graciela Naranjo.

 


sábado, 3 de abril de 2021

QUIEN ERA JUANA ANDREA SOLORZANO DE CAMEJO

 

Quizás algunos al leer este nombre, no les vendrá nada a la mente, pero Juana Andrea Solórzano (Apure 1800 – Apure 1846), fue la esposa de Pedro José Eusebio Camejo, mejor conocido como Negro Primero, nacido este, en San Juan de Payara en Apure en el año de 1790  y muerto en Campo de Carabobo el  24 de junio de 1821. Fue un militar venezolano que luchó primero junto al ejército realista para luego pasar al ejército patriota durante la Guerra de Independencia de Venezuela alcanzando el grado de Teniente.

 


En el año de 1818 cuando visita Simón Bolívar a Apure, Juana Andrea se casa con Pedro Camejo. Y por el cariño que el General José Antonio Páez le tenía al negro, le realizó una gran fiesta de casamiento, con carne asada, bebidas típicas y buena música llanera.

 

Juana Andrea, fue una de las tantas mujeres que tras perder a su pareja en la guerra de Independencia venezolana, quedó sumida en la absoluta pobreza. Tuvo que esperar 24 años (tras la muerte de su esposo), hasta que el 27 mayo de 1845 se firmó una ley que le permitió solicitar ante las autoridades la ayuda para atenuar la pobreza de solemnidad en que se encontraba. Aunque le fue muy difícil recibir el auxilio gubernamental (Montepío Militar), pues no tenía un solo documento que demostrara ante las autoridades su filiación con un fallecido en la Guerra de Independencia.

 


Tal como ni siquiera el propio Páez pudo referir, Juana nunca supo dónde estaba la tumba de su esposo, en caso de que hubiese existido, y menos algo escrito sobre su entierro. Necesitó además que el cura de San Fernando de Apure, Julián de Santos, certificara su matrimonio legítimo, al estar "destruidos por los insectos" los libros parroquiales de San Juan de Payara.

 

El propio general Páez, de su puño y letra, le expidió una certificación, que unida a las declaraciones de otros dos sobrevivientes del Ejército Libertador: Juan Antonio Mirabal y Miguel Páez, sirvió para demostrar que Pedro José Eusebio Camejo había alcanzado el grado de Teniente de Caballería y muerto en la Batalla de Carabobo "peleando contra los enemigos de la libertad".

 

Certificado elaborado por el General Páez

Lo poco que se conoce sobre ellos no indica que hayan tenido descendencia y un detalle curioso en los documentos que reposan en el Archivo General de la Nación es que Juana Andrea en varios párrafos menciona a su difunto esposo como Pedro José Camejo alias "el primero", nunca "el negro primero".

 

Finalmente, luego de entregar toda su documentación Juana Andrea Solorzano recibió en 1846, el pequeño auxilio de 10 pesos mensuales. Ese mismo año fallece.

 

Grísseld LecunaG/Bavaresco

 

Fuentes:

Ulises S Dalmau

Luis Heraclio Medina Canelón

Genealogy (geni.com)

https://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_Camejo

Familysearch.com


viernes, 19 de febrero de 2021

LA ADUANA VIEJA DE PUERTO CABELLO

  

Siempre estoy pensando en mi Puerto del ayer, recordando sus edificaciones, sus monumentos y la historia que encierra cada callejón de su zona colonial. El recordar que estuvo por sus calles Nuestro Libertador, el Doctor José Gregorio Hernández, José Antonio Páez, El Generalísimo Francisco de Miranda; como también estuvo en nuestro teatro Carlos Gardel, Ana Pavlova. Otro que viene a mi mente es Alexander von Humboldt. De la realeza estuvo el Conde de Segur, personaje muy influyente en el reinado de Luis XIV; aún más cerca, Renny Ottolina el número uno de la televisión venezolana. En fin tantos y tantos personajes que a mi mente se les escapan algunos nombres, y que seguro, después que termine este articulo, los recordaré.


Fue así como recordé a la Aduana vieja, leyendo y viendo algunas fotografías en la página de facebook “Memorabilia Porteña” y vi varias de esa Aduana Marítima. Aún la recuerdo, una edificación pintada de color vino tinto, y que al pasar a su lado le tenía cierto respeto pues ya para cuando la conoci, era un caserón abandonado y tenía la impresión que de noche algunos muertos fantasmales hacían fiesta allí dentro.

Tomé el libro Visiones del Puerto Viejo (Volumen II), de nuestro amigo José "Pepe" Sabatino, volví a leer sobre esa edificación y pude recordar algunos interesantes datos que hoy quiero compartir con Ustedes.

Zona de descarga. Muelle de cabotaje

Según lo escrito en dicho libro; las primeras edificaciones del naciente puerto se ubicaban estratégicamente en la boca de entrada de su extraordinaria dársena natural, en terrenos que poco a poco se ganaron al mar y en los que se construyeron las distintas dependencias de la Real Compañía Guipuzcoana. 

Durante la administración de Joaquin Crespo  (1884), se acuerda modernizar los muelles y construir un edificio que sirviera de sede a la aduana y el resguardo, para lo cual el ejecutivo firma contrato con Eduardo Blanco quien a su vez lo traspasa a la “North American Construction Company of Puerto Cabello”, empresa que financiaría la obra, cuyo representante era el ingeniero Henry Rudloff.


Placa a la entrada del edificio


La Memoria del Ministerio de  Obras Públicas de 1886, señala que la obra albergará “las oficinas de Aduana y del Resguardo, las habitaciones de sus jefes y además, muelles espaciosos y cómodos, para lo cual será situado convenientemente en el mismo lugar que ocupan los actuales entablados que sirven hoy de muelles...” El proyecto comprendía la construcción de un edificio central de mampostería, galerías de hierro para la mercancía, reconstrucción de los muelles y el dragado.

Poco a poco el proyecto fue cobrando forma en una imponente estructura de “ladrillos americanos, piedra corálica usada generalmente en el puerto y mezcla de cal de agua dulce con adición de gran cantidad de cimento romano”. Como ya se había dicho, esta edificación era exclusivamente para funciones portuarias y aduaneras, lo que explica sus dimensiones y la torre de 22 metros de elevación sobre el nivel del mar para la vigilancia del puerto.




Las obras concluyeron oficialmente en julio de 1888, cuando fueron inspeccionadas por el Ministro de Obras Públicas, pero al parecer en los meses siguientes se continuaron haciendo importantes ajustes. “

El Diario Comercial del 15 de noviembre de 1890, informaba acerca de la exigencia de aquél ministerio a la dirección de la empresa, para que los entablados de los muelles y almacenes se hicieran de madera fuerte, pichipén o vera, pues la de jabillo que habían usado no servía porque muchos tablones se encontraban rotos por el peso de las mercancías.


La aduana vista desde el mas (1920)

En su época de bonanza, aparte de su actividad aduanal, fue una edificación muy elogiada por su estructura y por su enorme y vistosa torre.

En las décadas venideras (1930-1980), primeramente a través de un ente gubernamental llamado Servicios Portuarios Nacionales, y más tarde por medio del Instituto Nacional de Puertos (INP), se experimentaría expansiones adicionales, es así como en la década de los años 70, la vieja aduana es demolida para abrir paso a la construcción de almacenes y nuevos muelles para el manejo de carga general.


Es lamentable que hoy día quede muy poco que rescatar de nuestro desaprovechado patrimonio histórico, pues es una tarea muy difícil en estos tiempos en que prevalece más el dinero que te embolsillas y no la historia que te enorgullece como porteño que ama y desea un bien para ella. 

Ya lo dijo Pepe Sabatino en su momento y yo lo reitero: “Esta conservación es fundamental para el rescate de la memoria histórica local y la reafirmación de nuestra identidad, sin desestimar su inserción en el marco de desarrollos urbanos y estrategias turísticas”.

Esperemos que los tiempos cambien y sus acciones sean concretas y mejores.


 Grísseld LecunaG/Bavaresco


Fuente:

Sabatino P.  José Alfredo. Visiones del Puerto Viejo (Volumen II) Págs 133 - 136. Rivero Blanco Editores.

Revista Puerto. Organo divulgativo de la Camara de Comercio de Puerto Cabello

Fotografías pagina de facebook "Memorabilia Porteña".


La edificación en la década de los 70, a su lado el patio de deposito, luego la
Capitania de Puertos y al final, el hotel de los Baños.




viernes, 12 de febrero de 2021

EL FORTIN DE LA PUNTILLA O EL FARO DE PUNTA BRAVA

Punta brava fue el nombre que se dio a un pequeño islote situado al norte del Castillo de San Felipe El Fuerte, malamente llamado Libertador, un titulo otorgado a nuestro padre de la Patria, colocado a un recinto que con el tiempo sería un antro de perdición y terror. 

Ya lo dijo nuestro historiador Asdrúbal Gonzalez, a propósito del cambio de nombre: "No fue de libertad sino de cautiverio. No fue liberador sino opresor. Nunca fue lugar de alegría, y si de llanto y pena"

Faro Punta Brava. Circa  1920

En este sitio se construyó un fortín conocido como "La Puntilla" y en el cual frecuentemente eran sometidos a torturas numerosos patriotas. 

Se cuenta que una vez Monteverde encerró a un grupo de éstos en oscuros calabozos y que la mayoría murió asfixiado por estar la bóvedas herméticamente cerradas.


Años más tarde, por decreto del Congreso Nacional y a solicitud del Concejo Municipal, se construyó sobre ruinas del tétrico fortín de La Puntilla, un faro luminoso que advertía a los pequeños navegantes la peligrosa zona donde el mar rompía sus olas contra los farallones.

En las habitaciones construidas debajo de la torre de dicho faro, funcionó un hospital, una escuela náutica y la primera Base Naval del país.


En 1893, las instalaciones de este faro fueron destruidas por un incendio y para 1900 fue reconstruido por el ingeniero Teodoro Alejandro Chataing (Caracas 1873 - Caracas 1928), Bisabuelo del locutor y animador venezolano Luis Chataing.


Grisseld LecunaG/Bavaresco


Antiguo mapa donde se aprecia la ubicacion de la llamada Punta Brava.
Obsequio de Luis Heraclio Medina Canelón

Fuente:

Dao, Miguel Elia. Puerto Cabello, Pinceladas Históricas.  El fortín 

                         de La Puntilla. Pag.100

Fotografías: Memorabilia Porteña, Google.com.

martes, 2 de febrero de 2021

EL LEGENDARIO MERCADO MUNICIPAL DE PUERTO CABELLO

El Mercado Público, mejor conocido y recordado como Mercado Municipal, y que hoy pocos lo evocamos, tiene una tradición de más de 100 años de funcionamiento. La generacion pasada recuerda que allí había de todo, desde tomarse una cebada o un delicioso toddy hecho por Assunta de Saraullo, como comprarse un traje de novia o un sombrero en la tienda de Ella Hoffman, el Señor Núñez y su venta de carne, la chicha de ajonjolí, las gallinas que vendía el Señor Carmeloen.

Mercado Municipal (Circa 1888)

El exquisito aroma del café La Hormiga al llegar al puesto del Señor Edmond Lameh, el olor a goma de la tienda Balalu del Señor Oñate, el puesto de comidas de Emilio Castro y Freddy Jimenez, el Señor Ramos con su puesto de víveres, la quincalla del Señor Freites, los puestos del Señor Tomás Andara y del Señor Añez, el famoso ajonjolí que vendía el Señor Castro. Allí, donde podías reparar tus zapatos o comprarlos, en fin, era una gran tienda por departamento.

Mercado Municipal (circa 1900)

Este centro de comercio, fue inaugurado en el año de 1886 por el Concejo Municipal del Distrito Puerto Cabello, situado en las aéreas comprendidas entre las calles Bolívar, Plaza, Independencia y Mercado. 

Anteriormente en ese terreno por varias décadas se instalaban los campesinos de regiones cercanas que traían sus productos agrícolas para expenderlo directamente a los consumidores.

El Nuevo Edificio

En su zona exterior con casillas para expendios de alimentos: pulperías, refresquería, cafeterías, leche cruda, pan, arepas y fritangas; igualmente permitieron su uso para ventas de mercancías secas ofrecidas a sectores familiares de bajos recursos. 


Mercado Municipal (circa 1905)

La zona interior la ocuparon expendios de carnes diversas: bovinos, caprinos, porcinos y aves en la parte central: los laterales se destinaron a negocios de víveres, verduras, etc.  

El incendio

El 2 de febrero de 1930 alrededor de las nueve de la noche, un incendio voraz destruyó parte del edificio. Según investigaciones,  este suceso se originó por un corto circuito en el área de una casilla ocupada por un comerciante extranjero especialista en mercancías secas, donde con materiales de fácil combustión como lo fue sus techos y la madera del lugar, propiciaron la extensión de las llamas que destruyeron tres arcadas de cemento armado y varios cubículos donde almacenaban víveres resinosos. 


Mercado Municipal (circa 1920)

En pleno incendio se comenzó a aglomerar la gente y la policía tuvo que dispersar a planazos a un grupo de intrusos y a rateros que intentaban saquear los pequeños negocios de víveres. Según el regidor, algunos sujetos burlando la vigilancia policial, lograron apropiarse de jamones, paquetes de caraotas, arroz y otros granos, así como pescado salado, enlatados y varios productos que cargaban en sacos elaborados con ramas de fibra vegetal conocida como fique. 

Mercado Municipal (circa 1936)

En horas de la madruga y gracias a la ayuda de los presos de la "corrección" y de algunos voluntarios que transportaban agua salada desde la playa cercana hacia el edificio, pudieron dominar las llamas. 

Los ocupantes de las zonas afectadas, fueron conducidos a un viejo almacén cercano a la zona portuaria, propiedad del señor Avelino Martínez. En ese lugar duraron hasta 1935 cuando nuevamente regresaron a su anterior sede. 

Este mercado cumplió extraordinariamente sus funciones durante más de un siglo. 

Mercado Municipal (circa 1970)


A principios de la década de los 90, en consideración al crecimiento de la ciudad, fue demolida su edificación y el mercado fue mudado a una moderna y cómoda construcción situada a la entrada de la urbanización Tejerías, contando con un gran estacionamiento y varios locales comerciales, pero sin el éxito de tiempos pasados.

Mientras que en el terreno anterior, donde estuvo dicha casona, se construyó un centro comercial cuya arquitectura no cuadraba con la armonía del lugar. 

Altos de la edificación del Mercado Municipal de Tejerías, rodeado de toldos
correspondientes al mercado libre de los sábados, hoy dia trasladado a la
Urbanización Popular de Santa Cruz.

Luego se convirtió en un antro de malandros y prostitución, por lo cual fue derribado debido a las tantas denuncias efectuadas por la población, dejando un terreno baldío que luego paso a ser un estacionamiento de exhibición por algún tiempo, siendo manejado por Imacult (Instituto de Cultura), hasta el año 2013, donde pasa a pertenecerle a Imatur (Instituto de Turismo), ambos correspondientes a la Alcaldía Bolivariana de Puerto Cabello.

Este mercado, que durante muchos años fue el eje del movimiento comercial porteño, para el año 2008 solo quedaban 2 carnicerías. Hoy en dia la desidia, la soledad y la apatía, son las dueñas de este legendario mercado.


Grísseld lecunaG/Bavaresco


Fuente:

Puerto Cabello, pinceladas históricas. Miguel Elias Dao. Págs, 11 y 12

www.entornointeligente.com/mision-imposible-meterle-mano-al-mercado-municipal-de-puerto-cabello/


Fotografias:

    Memorabilia Porteña

    Mi Puerto Cabello (fotos con historias y sin ellas tambien)


 

 


domingo, 17 de enero de 2021

PUERTO CABELLO Y SU FABRICA DE CERVEZA

 

Las cristalinas aguas del Rio San Esteban, que bajan desde la montaña lamiendo musgos, durante siglos calmó la sed de los porteños y de cuanto marino aventurero recaló a este litoral en la búsqueda del vital líquido.


Como lo dejó plasmado nuestro siempre cronista porteño, Miguel Elías Dao, en su libro “Puerto Cabello, pinceladas históricas”; viajeros famosos que llegaban de latitudes más allá de los océanos, alabaron las maravillosas condiciones de estas aguas con sabor a fruta madura y a panal desprendido de ramas secas.


Científicos europeos conocieron de sus bondades y difundieron el hallazgo. Y es así como en consideración a las virtudes excepcionales ofrecidas por nuestra histórica fuente fluvial, Agustín Hellmund, representante de la empresa denominada “Cervecería Puerto Cabello-Valencia”, acuerda solicitar una autorización al Concejo Municipal con fecha 11 de octubre de 1895, para instalar una fábrica de cerveza tipo “pilsen”, en la zona porteña. 

Cabe destacar que en la Venezuela hispánica se consumía cerveza, pero esta no se elaboraba en el país, se importaba desde España y las Antillas. Esta cerveza se envasaba en botellas de cuello ancho y largo llamadas limetas. Es probable que el Libertador Simón Bolívar hubiese tomado cerveza. 

Fabrica en Puerto Cabello


El 24 de enero de 1897 se inaugura la “Cervecería Puerto Cabello-Valencia”, generando su propia fuerza eléctrica. Sus  propietarios eran Agustín Hellmund y César Müller. Estaba ubicada frente a la Plaza Flores (para la época llamada Plaza de la Revolución), cuyo local pertenecía al comerciante Miguel Falcón. La planta estaba localizada en el conocido sitio de “Portachuelo”, cerca de “La Caja de Agua”, para de esta manera gozar del agua de San Esteban.

El expendio de esta célebre cerveza estilo Pilsen, fue reconocida como de muy buena calidad.


La actividad de esta cervecería no se restringió exclusivamente a la localidad, toda vez que en la capital carabobeña también se estableció una planta productora, mientras que en Caracas en el año de 1897, se abrió un depósito situado de Principal a Santa Capilla Nº 10.

Desafortunadamente la fuerte competencia que representaba esta cervecera local para la citadina “Cervecería Nacional”, determinó que esta última la adquiriera, cerrando así, finalmente, sus puertas a principio del siglo XX.

 Grisseld LecunaG/Bavaresco


Fuente:

Historia de la Cerveza en Venezuela | actualidad-24.com (actualidad-24.com)

Flores Sedek, Miguel. Puerto Cabello. Breve Cronología Histórica. Año 2020. Pág. 48.

Dao, Miguel Elias.Puerto Cabello, Pinceladas Históricas. Año 1996. Págs. 22 - 23.

Sabatino Pizzolante, José Alfredo. Visiones del Puerto I. Año 2013. Págs. 127 -128