viernes, 14 de noviembre de 2014

AMARLOS.... UNA PEQUEÑA REFLEXIÓN.

Leyendo uno de los tantos blogs existentes en este ciberespacio (nolocreo.com), me tope con una historia que hizo reflejarme en ella y quise, a mi manera, expresar lo que ella (la persona del blog), me inspiró para así contar mi historia.

AMARLOS

A 05 años de mi Padre trascender a un plano mayor al nuestro, mi Madre me dijo un día que sentía que molestaba, que mejor se moría y así sus hijos no tenían ya el compromiso de venir a visitarla. Se me hizo un nudo en el corazón, y le dije que si estaba loca, que eso no era así, que ella no molestaba, y que si se iba, yo me moriría con ella.

A raíz de eso tuve mucho que pensar al respecto; mi Madre estaba envejeciendo, es evidente por su apariencia. Su cabello pintado de rojo en donde cada vez más se notan sus cabellos blancos y su piel ya no es perfecta. Pequeñas arrugas marcan su hermoso rostro. Sus senos, sus brazos, sus glúteos, que alguna vez fueron firmes y fuertes, ahora son algo flojos, y existe indicios de una pequeña barriguita. Además, ella siempre fue una mujer de estatura ideal; hoy es suficientemente obvio notar que esta mas bajita que antes.

Por supuesto que, a pesar de todo, ella sigue siendo muy hermosa. Es algo evidente que mi madre ha envejecido, y más aun después de la ausencia de mi padre; ella no pudo escapar de este proceso.

Nunca imagine que seria de mi vida cuando mis padres ya no estuvieran, ¿Por qué pensar eso si ellos estaban rebosantes de juventud? Pero hoy, veo las cosas de manera diferente. Me di cuenta primero de mi Padre, cuando lo ayudaba a caminar por la calle y las veces que veía como le costaba respirar por su disnea, la tristeza que su mirada reflejaba. 

Después que Papa partió, me enfoque en mi Madre y el simple hecho que ella está envejeciendo me angustia enormemente. Ya no puedo hacer con ella cosas que antes hacíamos juntas, llevarla a todas partes conmigo, ella se cansa, sus piernas ya no son tan ágiles como antes, no desea salir muy a menudo y eso me pone profundamente triste.

Renovando sus votos matrimoniales (55º aniversario) (2007)
Y el nudo que siento en mi corazón, aún está allí, y lo siento mucho más. 

Se siente con mayor intensidad cuando pienso en el hecho que algún día ya no estará aquí conmigo.


El pensamiento de perder su amor me deprime grandemente, mas aun me mata la idea de no tener con quien compartir ese amor una vez que ella se reúna con mi padre.

Pero mientras esté, la llenaré con ese amor, para que ella entienda todos los días lo mucho que significa para mí y no se sienta sola y triste. A veces pienso y me da temor nunca poder demostrarle lo suficiente, y tener que decir al final “Si hubiera hecho algo más por ella” ¡Pero eso no me va ocurrir, de ninguna manera!

Quiero darle todo mi amor y al final poder ver al presente y estar agradecida con Dios por todos los momentos increíbles que pasamos juntas.

Los hijos, aunque estemos lejos o tengamos una familia nueva ya formada, debemos disfrutar el tiempo que sea necesario con los padres, aunque a veces puedan llegar a sacarnos de quicio, molestarnos cuando no entiendan las cosas o simplemente al estar conversando y ellos sin querer respondan distinto o cambien el tema. 

Y aunque esto pueda sonar sarcástico; esposo, esposa, podrás tener varios. Hijos, los que tu quieras, pero padres? ellos serán los únicos que tendrás en esta vida.

Es por eso que en vida demuéstrales lo mucho que ellos significan para ti, no solo cuando enfermen o cuando sea el dia de la Madre, del Padre o Navidad; hazle saber todos los días con palabras, que ellos son lo mejor de este mundo, o no te gustaría que tus hijos te lo demostraran así? 

Grisseld LecunaGarcia/Bavaresco


jueves, 6 de noviembre de 2014

TIMOTEO CASTILLO, UNA HISTORIA REAL QUE SE CONVIRTIO EN LEYENDA.


Cuando una persona ocultaba un tesoro, y al tiempo moría, sin disfrutar de ello, su alma no tenia descanso y penaba cerca del entierro de aquellos valores hasta que alguien lo sacaba.

Por eso es que se habla de aparecidos y fantasmas; que hacen toda clase de señas llamando a todo aquel que pase cerca de dicho entierro para señalarle el lugar preciso donde esta oculto el tesoro.

Así le paso a José Natividad de Jesús Calanche, un personaje muy popular por su agrio carácter que vivió por Valle Seco, una localidad de Puerto Cabello, allá por los años de 1900. La profesión de este Señor era agricultor, enterrador y todo aquel trabajo en donde debía de utilizar las herramientas ya sea para arar, abrir zanjas, entre otras cosas. Era el propio “todero”, pues hacia de todo.

Un día cualquiera, llego un hombre a su puerta, era alto, blanco, de corte muy europeo, con un sombrero de ala ancha, vestido con una especie de Liqui-liqui y entre su pecho y espalda le trenzaba como especie de correas blancas en forma de “equis”. Dicho señor pregunto por él, pero en ese momento no se encontraba pues estaba en una faena. Su esposa quien cuidaba de su hija enferma, le dijo que pasara al caer la tarde, pues una vez que cayera el sol, el ya estaría en casa.

En efecto, el señor alto se apareció cuando las estrellas estaban en el firmamento, y José Calanche pudo conversar con él. Este le dijo que necesitaba abrir una fosa muy profunda que se encontraba hacia la faja de la montaña, pues debía sacar unas monedas de oro que hacia tiempo había enterrado, y quería dárselas a él para que con ese dinero le diera la atención necesaria para el cuidado de su hija y así comprarse o arreglar su rancho que estaba en muy mal estado.

Calanche, fue a buscar sus herramientas y marcho con el señor alto. Una vez que llegaron al sitio, el hombre le señalo el lugar y éste enseguida comenzó a excavar y excavar.

Mientras ablandaba la tierra, su chícora se topo con algo duro; sintió miedo. El se voltea para mirar al señor alto y este de inmediato le dice que siga excavando que allí encontrara una caja repleta de monedas de oro. Esa noche no había luna por lo que estaba muy oscuro el cielo y apenas tenían una lámpara de kerosén que no alumbraba muy bien.

José Calanche siguiendo las instrucciones, comenzó a sacar la tierra con su pala, hasta que pudo sacar la caja (al tocarla se percato que era de madera).

– ¡Aquí esta, la tengo! – le dijo, pero cuando se la va a pasar, ante sus ojos el hombre alto se desvanece. El susto y terror que recorrió el cuerpo de José Calanche, hizo que literalmente volara, salió del hueco y corrió y corrió hasta llegar a su casa; por el camino mientras corría, iba rezando y pidiéndole a Dios que se fuera ese señor que no lo quería ver mas nunca y que no quería ser rico…..!

En su casa no se hablaba del asunto. Y así paso el tiempo, como si no hubiese ocurrido nada. Ya había transcurrido un mes desde aquella espeluznante noche en donde jamás quiso contar lo sucedido. Esa mañana rumbo a su jornada diaria, pensó en el señor alto y se armó de valor y se fue al sitio donde había dejado la caja con las supuestas “morocotas”.

Pensó para sus adentro que quizás estaba allí, esperándolo y seria millonario y así se podría ir el solo de la ciudad, disfrutar, viajar y comprar lo que quisiera.

Existe la creencia de que al buscar un tesoro no debe nadie de los buscadores llevar codicia o envidia en su corazón porque el cajón se moverá. Será imposible conseguirlo y a veces, el tesoro puede convertirse en otra cosa.

Al llegar, donde se suponía que estaba el hueco, no había nada, estaba lleno de monte, esto le impacto un poco, no había pasado tanto tiempo para que estuviera así. Entonces decidió registrar moviendo el monte con sus pies, la tierra estaba dura y de repente se topo con sus herramientas, cuando las tomó, se dio cuenta de que estaban todas oxidadas como si llevaran años en ese sitio.

Le ataco de nuevo el pánico y salio corriendo. Jamás volvió a ese lugar. Con los años cuando ya estaba muy viejito, decidió contarle a su nieta sobre lo ocurrido. Esta les contó a sus hijos; y así fue pasando de generación en generación hasta que dejo de ser una historia familiar para convertirse hoy día en una leyenda urbana.

Dicen que al tiempo, este señor alto se le apareció a un español que tenia una bodega por la zona, y le dijo lo mismo que a Calanche, que le daría todas las monedas para que saldara sus cuentas y le diera una mejor vida a su familia. El español lo acompaño, saco la caja y con ella pudo pagar sus deudas e irse con su familia de regreso a su tierra natal.

Se conoció después de algunas décadas que aquel señor alto se llamaba Timoteo Castillo, persona trabajadora que hizo dinero con el sudor de su frente y que murió por causa de un conjuro que le hiciera una amante celosa.


Cuentan que un cigarrón se introdujo en uno de sus oídos. Este le fue comiendo poco a poco hasta llegar al cerebro. Al verse que ya estaba a punto de fallecer, decidió colocar en una caja de madera, todo el dinero ahorrado y enterrarlo donde esta mujer no supiera, para que así no se quedara con nada. Al fin Timoteo Castillo al darle su tesoro al español, pudo descansar en paz.

Grisseld LecunaGarcia/Bavaresco

Gracias a:  
Milagros Guanipa Garcíapor contarme la historia. Y le ofrezco mis disculpas si existen algunos cambios en su relato, pero como cuento al fin, estos, se van tergiversando con el tiempo, sino, dejarían de ser leyendas....!!!

Copyright ® 2014 Grísseld Lecuna García

Tomada del libro:

La Fantasía Escrita En Unos Cuantos Cuentos. Editorial Madriguera. Pags. 29 al 34.


martes, 28 de octubre de 2014

UNA NOCHE DE HALLOWEEN (4to. Cuento)

Esta era una pareja de jóvenes esposos que decidieron un domingo salir a dar un paseo y celebrar el Halloween, era 30 de Octubre. 

Ellos tenían tiempo que no salían a disfrutar, pues el trabajo de la fábrica, en donde trabajaban, era muy fuerte y a ambos la jornada los dejaba muy cansados.

El paseo fue tan refrescante y emocionante que no se dieron cuenta de la hora y deciden pernoctar en esa zona del pueblo en las afuera de la ciudad.

Comenzaron a buscar refugio y se toparon con una casa de campo donde una de sus ventanas la alumbraba una lámpara, entonces decidieron acercarse pues estaban muy cansados y no querían seguir buscando ya que se caían del sueño.

En el justo momento en que el chico iba a tocar la puerta, esta se abre y aparece una pareja de ancianos que los invitan a pasar; ellos le cuentan que desean pernoctar ya que se les ha hecho muy tarde para regresar a su casa y andan con mucho sueño para tomar la carretera de regreso. Los viejitos muy amablemente les ofrecieron hospedaje y alimentos.

A la mañana siguiente la pareja se levanta muy temprano, cuando apenas salía el sol y deciden no levantar a los dueños de la casa y sin hacer bulla se marchan al amanecer, no sin antes dejarles un billetes de 100 sobre la mesa de la cocina, para pagarles en agradecimiento su gentil hospedaje.

Ya con el sol casi en la cúspide, deciden almorzar en la carretera, mientras le cuentan al mesonero sobre la agradable pareja de ancianos que les había dado refugio, pues anoche se les había hecho tarde y prácticamente estaban perdidos, cansados, muertos de sueño y hambre.

-"Qué raro"- le dice el mesonero.  –“Por lo que me cuentan parece que se trata de los esposos Robles Márquez; pero, ellos murieron en un incendio hace unos cuantos años atrás".

La pareja insiste en que el mesonero debe de estar equivocado y le piden que lo acompañe hasta la casa, para que así vea quienes son, pues ellos, esos dulces ancianos están vivos, -si hablamos anoche con ellos- replico la chica.

Al llegar al sitio donde estaba la cabaña, quedan impactados, lo que ven es una construcción en ruinas y toda carbonizada, llena de malezas y cubierta de cenizas.

Todavía no lo podían creer y entran a lo que supuestamente era la cocina y entre los restos de cosas retorcidas, se toparon con lo que se suponía eran una mesa y al acercarse a ella, no pudieron creer lo que sus ojos estaban observando: allí estaba el billete que ellos dejaron esta mañana y no estaba quemado, estaba intacto.


Cuentan los pobladores de ese lugar que todos los años en el día de Halloween, los adorables ancianos regresan a dar hospedaje y comida para aquel que desee pernoctar en su humilde cabaña… ah!, por favor no dejen dinero….

Grisseld LecunaGarcia/Bavaresco


Tomada del libro:

La Fantasía Escrita En Unos Cuantos Cuentos. Editorial Madriguera. Pags. 29 al 34.



lunes, 20 de octubre de 2014

RECORDANDO AL CELEBRE CLUB EL RECREO.

Hoy vi una fotografía que data del año 74, donde se podía apreciar la demolición del que fuera el gran Club El Recreo.

Ello me trajo mucha nostalgia; aunque son muy vagos los recuerdos que tengo de el, pues era muy pequeña cuando iba con mis padres y hermanos.

Demolición Club El Recreo, año 1974
Pero en particular existe un recuerdo que quedo en mi mente, quizás por el impacto que provoco en mi, y fue un oleaje tremendo que hubo una noche, cuyas olas chocaban con el techo del balcón que daba hacia el mar y el agua entraba por montón al salón principal, todo el club estaba lleno de agua. Estuve aferrada a una silla todo el tiempo al lado de mi madre, hasta que paso la tormenta.

Aparte de eso; su fachada, claro que la recuerdo y muy bien, ya que de grande muchas veces pase por su frente.
Mis hermanos en una de las fabulosas fiestas de Carnaval en el club, por los años 60.

Recordé también las anécdotas que mi madre me contaba con respecto a los grandes bailes que allí se formaban; de las veces que le hacían la rueda al ella salir a bailar con sus buenos amigos (excelentes bailarines) Adolfo Thoddé o el Negro Anzola, ella era la reina porteña del mambo.

Mi hermana Mariela disfrazada de Española, al fondo las escaleras de
 mármol negro que daban a la terraza.
Hubo un director de una de las orquestas que llegaron a amenizar los tantos bailes que se celebraban allí, y la quiso contratar para que fuera su bailarina-modelo, cuando eso sucedió ya Mamá estaba casada y Papa dijo que “No” y allí se quedo todo.

La foto en cuestión, hizo que quisiera buscar en la red mas información sobre este club, ver si alguien había comentado como era, quienes estuvieron en ella, sus miembros, entre otras cosas, y me conseguí con este excelente escrito (y no podría ser de otro modo), de mi cronista (de corazón) y amigo porteño, Pepe Sabatino Pizzolante, titulado:

El inolvidable Club El Recreo
La casona del club, de aspecto señorial y sencilla arquitectura, sobresalía entre las demás fachadas de la calle Bolívar. Hacía esquina con el hotel “La Riviera” y el Teatro Municipal, una de las paradas favoritas en nuestro diario andar regreso del colegio “La Salle”.

La edificación (con la marca del  MOP a un lado de la fachada), lista para ser demolida
De mobiliario modesto pero distinguido aspecto, era inevitable no sentirse atraído a entrar por su ancha sala y recibir la bocanada de viento, que soplaba desde la terraza frente al mar. Se trataba del célebre Club “El Recreo”, del que afirmaba don Carlos Brandt era uno de los más antiguos de su tipo, si no el primero, en Latino América. Otros centros sociales existieron en el puerto, entre ellos “El Trueno” y el “Gut-Heil”, pero no tuvieron la trascendencia del que nos ocupa.

Portada del libro de Actas

Fundado el 16 de agosto de 1852, reunió en su seno lo más granado de una sociedad suma de muchas culturas y de duro trabajar.

Cuarenta y siete fueron los miembros fundadores, un selecto y variopinto grupo de personas, cuando observamos los nombres de algunos de sus promotores: Fernando Olavarría —elegido como su primer Presidente— Federico Hagan, Hugo Valentiner, Francisco Kerdel, Eduardo Baasch, David Lobo, Sebastián Boguier, Ricardo Kolster, Martín Allegrett, Antonio Jelambi, Fernando V. Olavarría, Luis Auné, Manuel Jove, Policarpo Ricart y Víctor Chartier, todos comerciantes y profesionales de grato recuerdo.

Salón principal y su terraza con vista al mar.
El 31 de octubre del año siguiente los socios aprueban el reglamento general, momento a partir del cual la admisión de los miembros queda regulada, convirtiéndose en el punto de encuentro predilecto de aquellos en búsqueda de gratos encuentros y amenas conversas. Además de los socios activos el club recibía en su seno a otros de carácter honorario, que incluían casi siempre a los funcionarios consulares destacados en la ciudad.

La Casa Guipuzcoana; diagonal a ella, el Club El Recreo (1852)
El club comenzó sus actividades en un inmueble cercano a la Casa Guipuzcoana, tal y como puede apreciarse en una vieja litografía de H. Neun incluida en el “Álbum de Caracas y Venezuela”, publicado en 1877-1878.

Contaba con una biblioteca que fue formándose con donaciones de sus miembros. Se encontraba en sus anaqueles, por ejemplo, la edición de Los Mohicanos de París, de Alejandro Dumás, hermosamente impresa en 1860 en el taller de Juan Antonio Segrestáa, y entregada a la biblioteca el 31 de octubre de 1902 por los socios Cubillán, Kolster, Guruceaga, Gramcko, Moratinos, Braschi, Frey, Meier, Volbracht, entre otros.

Vista desde el mar, El Recreo (derecha) y Hotel Riviera (izquierda)
En las primeras dos décadas del siglo XX, se adquiere la casona de la calle Bolívar, cuyos espacios albergaban un bien dotado bar, una mesa de pool, además de un cómodo mobiliario para entregarse a los interminables encuentros.

No hubo personalidad que visitara la ciudad sin que hiciera parada obligada en ese centro social, dejando constancia de su impresión en el libro de visitas.

El salón de juegos con su mesa de pool
En septiembre de 1904 lo hace el General Cipriano Castro, quien escribe de puño y letra: “… Me inscribo al club más antiguo de Puerto Cabello, Club “El Recreo”, hoy día de dicha y satisfacción para la República, y en especial para el puerto más importante de la Nación, que por mil títulos es digno de mi consideración….”.

El centenario del club, en 1952, fue celebrado por todo lo alto, correspondía la presidencia entonces al Dr. Adolfo Prince Lara.

Algunos de sus miembros en grata charla.
Se organizó una sesión solemne para conmemorar tan extraordinario acontecimiento. Se pronunciaron algunos discursos y luego todos los miembros se pusieron de pie mientras se mencionaban los nombres de los 47 miembros fundadores, guardando un minuto de silencio.

 Cumplido el protocolo, a las diez de la noche se abrió el baile de rigurosa etiqueta, amenizado por dos orquestas traídas de la capital. 


En una de las fiestas aniversarias, impusieron condecoraciones
 a los miembros, entre  ellos mi Padre. En la foto, una 
señorita le coloca la distinción.

Los tiempos de esplendor cultural del puerto se fueron, como igual lo hicieron muchos de los hombres que le dieron vida a ese lugar de sano encuentro. 

Un día cualquiera de los setenta, sus paredes cayeron una a una hasta la completa demolición del inmueble, presa de la frenética búsqueda de Puerto Cabello por la modernidad, a veces destructora del patrimonio arquitectónico.

Grisseld LecunaGarcia/Bavaresco


Album de fotos


Club Recreo en el año de 1968




Terraza del Salón Principal (1971) Cortesía Juan F. Baptista Capriles


Salón Principal (1971) Cortesía Juan F. Baptista Capriles
                                    


Reina de los Carnavales de 1956 con su cortejo de honor. Cortesía Juan F. Baptista Capriles


Junta Directiva del Club “El Recreo.”   Se observan, entre otros, Raúl Baptista, José Manuel Casares, Samuel Rico, Henry Brandt, presidente Raul G. Baptista E. , Dr. Enrique Guerra Más y Don Oswaldo Capriles , s/f.  Cortesía Juan F. Baptista Capriles


Otro ángulo de la fachada del Club. Cortesía de Juan F. Baptista Capriles


El Club en plena demolición . Cortesía de Alberto Scovino Olavarria 



Fuentes:




http://www.notitarde.com/VersionImpresa/Columnistas-del-Dia/El-inolvidable-club-El-Recreo/2013/10/21/274389

https://www.facebook.com/memorabiliaportena/photos_stream?tab=photos


Fotografias cortesia de 
.- Juan Francisco Baptista Capriles 
.- Memorabilia Porteña
.- De mi álbum Familiar






sábado, 18 de octubre de 2014

HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE. UNA REAL HISTORIA DE AMOR.

Esta hermosa historia de amor llegó a mí por pura casualidad, mientras buscaba fotos y recortes sobre la historia del Bowling en Venezuela,  Y allí estaban estos jugadores del boliche, cuyo amor duró toda la vida, 62 años para ser exacta. Y es que muchos no pueden cumplir la promesa que al casarse se profesan en el altar, aquella que dice “hasta que la muerte los separe”.


Pero Don y Maxine Simpson si lo lograron. 

Este matrimonio se conoció de muy joven en un campeonato de bowling en Bakersfield, California, Estados Unidos; de donde son oriundos.

 Eso fue un flechazo a primera vista, pues desde que se vieron por primera vez, “jamás” (en el buen sentido de la palabra), se separaron.

Se casaron en 1952, ambos de 21 años y al no poder tener hijos biológicos, decidieron adoptar dos. Viajaron por el mundo en competencias de bowling. Ellos siempre fueron personas muy queridas y apreciadas en la comunidad de Bakersfield.

Máxine comenzó a padecer de cáncer la cual requirió estar de reposo en su casa; Don, siempre a su lado.

Cuando se agravó fue ingresada a un centro hospitalario, él, no quiso separarse de su compañera y solicitó una cama para estar cerca del amor de su vida.
Al poco tiempo, Don tuvo una caída que lo hizo llevar al hospital se había fracturado el fémur. 
Estuvo varios días allí pero su condición se fue deteriorando rápidamente. Al mismo tiempo, el cáncer contra el que su mujer había estado luchando también comenzó a agravarse. Y es que pienso que la distancia fue su peor enemigo pues, desde que se casaron hace ya 62 años, jamás habían estado tanto tiempo separados.
Sus familiares al ver lo que estaba sucediendo decidieron llevárselos a su casa para que estuvieran juntos. Ellos siempre fueron muy unidos y por eso tenían que seguir juntos, en las buenas y en las malas.

El resto de la familia también supuso que Don y Máxime también querrían estar juntos, por lo que ambos fueron trasladados a una habitación que estaba libre en la casa de la familia.
Alli pasaron los días evocando aquellos bellos momentos, recuerdos que aun quedaban en sus mentes.


Tomados de la mano, su nieta, Melissa Sloan les tomo una fotografía. 

Ella comento que “Dentro de mi corazón yo sabía que esto iba a ser lo que sucedería: la abuela y el abuelo estuvieron juntos toda su vida, y por eso ambos iban a querer morir juntos.

A los 83 años, Maxine muere y cuatro horas después lo hacia Don.

Hace 62 años se juraron amor eterno y desde entonces, vivieron el uno para el otro; Don y Maxine Simpson, protagonizaron una historia que representa la esperanza de que el verdadero amor es capaz de traspasar las fronteras del tiempo y del espacio.

Grísseld LecunaGarcia/Bavaresco